Introducción: El Espejismo del Consenso Popular
En la imaginación popular evangélica y en gran parte de la apologética contemporánea, existe la presunción inamovible de que los autores del Nuevo Testamento, al citar el Antiguo Testamento griego (la Septuaginta o LXX), se encontraron con un texto que ya utilizaba uniformemente el título Kyrios (“Señor”) como traducción del Tetragrámaton hebreo (YHWH). Bajo esta premisa, cuando Pablo o los Evangelistas aplican el título Kyrios a Jesús, se asume que están operando sobre una equivalencia semántica preestablecida y divinamente sancionada: Jesús es Kyrios, YHWH es Kyrios; ergo, Jesús es YHWH.
Sin embargo, la crítica textual moderna ha desmantelado esta suposición simplista, revelando un panorama mucho más complejo y teológicamente denso. La evidencia manuscrita recuperada del Desierto de Judea y de las genizas de El Cairo demuestra que la práctica de traducir YHWH por Kyrios no fue la norma original de la Septuaginta judía pre-cristiana. Por el contrario, los escribas judíos exhibían una “resistencia textual” notable, preservando el Nombre Divino en caracteres paleohebreos arcaicos, en escritura aramea cuadrada, o transliterándolo fonéticamente como IAO. La sustitución sistemática por Kyrios —y la subsiguiente contracción en Nomina Sacra— parece ser, en gran medida, una innovación escribal cristiana (o al menos, una práctica marginal judía que el cristianismo adoptó y universalizó con fines teológicos específicos).
Esta tesis tiene implicaciones profundas: sugiere que la “Alta Cristología” del Nuevo Testamento no fue un mero subproducto de leer una Biblia griega que ya equiparaba a Dios con el “Señor”, sino el resultado de una operación hermenéutica deliberada y audaz. Los primeros cristianos no “encontraron” la divinidad de Jesús en el texto griego; la inscribieron en él mediante la reingeniería de la nomenclatura divina.
Insight Teológico: La Ingienería de la Divinidad
”La transferencia de Kyrios no fue una confusión accidental, sino una relectura profética. Al aplicar el Nombre Inefable a Jesús, los primeros cristianos afirmaron que la identidad de YHWH ya no se define por su aislamiento en el Cielo, sino por su presencia salvífica en la Cruz.”
La Evidencia Silenciada: El Testimonio de 4Q120 y P. Fouad 266
Para comprender la magnitud de esta innovación, debemos confrontar la evidencia física. Si la teoría tradicional fuera correcta, deberíamos encontrar manuscritos judíos de la LXX del siglo I o II a.C. que contuvieran Kyrios en lugar de YHWH. No obstante, el registro arqueológico ofrece un testimonio opuesto y obstinado.
El manuscrito 4Q120 (4QpapLXXLev-b), hallado en la Cueva 4 de Qumrán y datado en el siglo I a.C., es un testigo estelar. Este fragmento del Levítico no vierte el Nombre Divino con un título de señorío (Kyrios), sino que lo translitera fonéticamente como ΙΑΩ (Iao). Esta lectura, lejos de ser una aberración, confirma los reportes de autores antiguos como Diodoro Sículo (quien menciona al dios “Iao” de los judíos) y Orígenes (quien, siglos más tarde, notaría que los manuscritos “más exactos” conservaban el nombre hebreo). La existencia de Iao sugiere que, para una corriente significativa del judaísmo del Segundo Templo, el nombre de Dios no era un título genérico intercambiable, sino un nombre propio con una fonética específica que debía ser preservada incluso en la diáspora helenística.
Aún más contundente es el testimonio del Papiro Fouad 266 (P. Fouad 266b). Datado a mediados del siglo I a.C., este rollo del Deuteronomio es el segundo manuscrito más antiguo de la LXX que poseemos. En él, los escribas griegos, al llegar al Tetragrámaton, no escribieron Kyrios. En su lugar, el copista original dejó un espacio en blanco, que luego fue rellenado por un escriba especializado que insertó las cuatro letras hebreas del Nombre (יהוה) en escritura cuadrada aramea. Este fenómeno de “incrustación lingüística” revela una teología de la santidad textual: el Nombre Divino era ontológicamente distinto del resto del texto; no podía ser “traducido” o asimilado al flujo del griego koiné profano. Era una presencia foránea, santa e intraducible que irrumpía visualmente en la página.
Otros manuscritos refuerzan este patrón. El rollo de los Profetas Menores de Naḥal Ḥever (8HevXIIgr), una revisión kaige destinada a acercar la LXX al texto masorético, utiliza caracteres paleohebreos (la escritura arcaica del periodo del Primer Templo) para el Nombre. Incluso fragmentos como P. Oxy 1007 (Génesis) utilizan una doble yod (ZZ invertida) para representar el Nombre inefable. En resumen: antes del cristianismo, la norma textual no era la sustitución, sino la preservación.
La “Falsificación” Piadosa y el Origen de la Cristología
Si los manuscritos que utilizaban Jesús y los Apóstoles contenían YHWH (en paleohebreo, cuadrado o IAO), ¿cómo y cuándo ocurrió el cambio a Kyrios? La evidencia sugiere que la transición fue impulsada por la necesidad cristiana de identificar a Jesús con el Dios de Israel de una manera que fuera tanto monoteísta como exaltada.
El término Kyrios poseía una ambigüedad estratégica perfecta. En el mundo grecorromano, podía referirse a un dueño de esclavos, a un esposo, a un oficial militar, al Emperador (como Dominus), o a una deidad. Al sustituir el nombre propio y exclusivo YHWH por el título polivalente Kyrios, los escribas cristianos eliminaron la distinción visual entre el Dios Padre y el Mesías Jesús. Si el texto original leía: “Dijo YHWH a mi Señor (Adoni)…” (Salmo 110:1), la distinción entre las dos figuras era clara. Pero en la versión cristiana estandarizada, el texto se leía: “Dijo el Señor (Kyrios) a mi Señor (Kyrios)…”. Esta homogeneización terminológica creó un espacio semántico donde Jesús podía “habitar” los textos de YHWH.
El concepto de “Realismo Nominal” es crucial aquí. En la mentalidad antigua, poseer el nombre de una deidad equivalía a poseer su autoridad y agencia (cf. Éx 23:21, donde el Ángel de YHWH tiene “mi Nombre en él”). Al transferir el título sagrado Kyrios a Jesús, los primeros cristianos no solo le daban un título honorífico; le estaban transfiriendo la “identidad ejecutiva” de Dios. Como señala Capes, esto permitió la “exégesis de YHWH”: aplicar textos que describían la acción salvífica, creadora o judicial de YHWH directamente a Jesús sin sentir una contradicción ontológica.
La ausencia total de manuscritos cristianos del siglo I nos impide ver el “momento cero” de esta mutación. Sin embargo, cuando los manuscritos cristianos emergen en el siglo II (P46, P66, P75), la transformación ya es total. No hay rastro de paleohebreo ni de IAO. El sistema de Nomina Sacra está plenamente operativo. Esto sugiere que la adopción de Kyrios no fue una evolución lenta, sino una decisión temprana, radical y uniforme de la comunidad cristiana, posiblemente vinculada a la ruptura con la Sinagoga y a la misión a los gentiles, para quienes las letras hebreas no significaban “santidad”, sino “ininteligibilidad”.
En conclusión, la tesis crítica sostiene que la divinidad de Jesús en el Nuevo Testamento depende intrínsecamente de esta metamorfosis textual. Sin el reemplazo de YHWH por Kyrios, la teología cristiana habría tenido que articular la relación Padre-Hijo con categorías mucho más complejas desde el principio. La pluma del escriba cristiano, al borrar el Nombre Sagrado y sustituirlo por el Título Soberano, allanó el camino para que el Carpintero de Nazaret fuera adorado como el Señor del Cosmos.
Profundización: El Realismo Nominal en el Antiguo Oriente Próximo
Para comprender por qué el cambio de YHWH a Kyrios no fue un mero trámite administrativo, debemos sumergirnos en la mentalidad del “Realismo Nominal” que permeaba el Antiguo Oriente Próximo. En nuestra modernidad post-nominalista (legado de Ockham y Saussure), los nombres son etiquetas arbitrarias: la palabra “mesa” no tiene ninguna conexión ontológica con el objeto mesa. Podríamos llamarla “silla” y, si todos estuviéramos de acuerdo, la realidad no cambiaría.
En la antigüedad, esto era inconcebible. El nombre (Shem en hebreo, Shumu en acadio, Ren en egipcio) no era una etiqueta, sino una dimensión constitutiva del ser.
- Egipto y el Ren: En la teología menfita, nada existía hasta que Ptah lo concebía en su corazón y lo nombraba con su lengua. Para los egipcios, destruir el nombre de alguien (damnatio memoriae) era aniquilar su existencia en el más allá. Si un dios revelaba su “Nombre Verdadero” a un mago (como en el mito de Isis y Ra), le entregaba su soberanía.
- Mesopotamia y el Destino: En el Enuma Elish, el estado primordial del caos se describe como el tiempo “cuando los cielos no tenían nombre”. Nombrar era ordenar el caos y asignar un destino (shimtu).
Israel compartía esta cosmovisión, pero la radicalizó. YHWH no tiene un nombre genérico (como El o Baal, que significan simplemente “Dios” o “Amo”). Tiene un Nombre Propio, un Shem Hameforash (Nombre Explícito) que contiene su biografía pactal: “Yo Soy el que Soy” (Éx 3:14). Este nombre es un verbo activo, una promesa de presencia (“Estaré allí”).
Cuando los escribas cristianos sustituyeron este nombre ontológico-activo por Kyrios (un título funcional de estatus), alteraron la metafísica del texto.
- YHWH invita a una relación con una Persona Historia que “es” y “causa ser”.
- Kyrios invita a la sumisión ante un Soberano que “manda”.
Contexto Histórico: El Peso del Nombre
”En el antiguo Egipto, borrar el nombre de un faraón (damnatio memoriae) equivalía a destruir su alma (Ka). La insistencia judía en preservar el Tetragrámaton, incluso incrustándolo en alfabetos extranjeros, refleja esta ansiedad metafísica: si se pierde el Nombre, se pierde la conexión ontológica con el Pacto.”
El cambio a Kyrios facilitó la universalización del Evangelio (el “Señor” es inteligible para un romano, YHWH no), pero a un costo: la pérdida de la intimidad pactual. El “Dios de Abraham, Isaac y Jacob” se convirtió en el “Dios de los Filósofos y los Emperadores”. La recuperación filológica moderna del Nombre Divino es, en cierto sentido, un intento de recuperar esa especificidad escandalosa de un Dios que tiene nombre, historia y huellas dactilares en la historia, y que no es simplemente “El Absoluto”.
Evidencia Textual: El Testimonio de los Manuscritos
El Inventario de la Resistencia Judía
La afirmación de que los judíos dejaron de pronunciar el Nombre Divino mucho antes de la era cristiana es correcta, pero la inferencia de que también dejaron de escribirlo en sus traducciones griegas es demostrablemente falsa. El registro arqueológico nos ofrece un catálogo fascinante de estrategias escribales para preservar la santidad textual de YHWH en un mar de tinta griega.
1. 4Q120 (4QpapLXXLev-b): La Transliteración Fonética
Este manuscrito del Levítico, hallado en Qumrán y datado en el siglo I a.C., es único. En lugar de traducir el Nombre o escribirlo en caracteres hebreos, lo translitera fonéticamente como ΙΑΩ (Iao). Esta forma triconsonántica refleja una pronunciación litúrgica antigua (posiblemente Yahu o Yah). Su existencia prueba que, al menos en algunos círculos sacerdotales de Qumrán, el Nombre no era impronunciable, sino que poseía una vocalización sagrada específica que debía ser conservada incluso en la versión griega.
2. Papiro Fouad 266: La Incrustación de Escritura Cuadrada
El Papiro Fouad 266b (Deuteronomio), datado a mediados del siglo I a.C., representa la estrategia dominante: la incrustación visual. El escriba griego, al copiar el texto, dejaba un espacio vacío calculado con precisión cada vez que aparecía el Tetragrámaton. Posteriormente, un segundo escriba, experto en caligrafía hebrea, rellenaba esos espacios con יהוה en la escritura cuadrada aramea “asiria”. Este método creaba una discontinuidad visual impactante: el Nombre de Dios no pertenecía al mismo sistema gráfico que el resto de la revelación; era “otra cosa”, sagrada y separada (kadosh).
3. 8HevXIIgr (Naḥal Ḥever): El Arcaísmo Reverencial
El Rollo de los Profetas Menores de Naḥal Ḥever, hallado en la “Cueva de los Horrores”, es un testigo crucial de la recensión kaige (una revisión temprana para alinear la LXX con el texto proto-masorético). Aquí, el escriba no usa la escritura cuadrada común, sino que recurre a la escritura paleohebrea (la escritura antigua del periodo pre-exílico, usada en tiempos de David y Salomón). Este “arcaísmo reverencial” funcionaba como una señal de stop visual. Incluso si el lector no sabía leer hebreo antiguo, la forma gráfica de las letras le indicaba inmediatamente que estaba ante el Nombre Inefable.
4. P. Oxy 1007 y 3522: La Abreviatura Críptica
Fragmentos posteriores como P. Oxy 1007 (Génesis 2-3) muestran una variación intrigante: el Nombre Divino se representa con una doble yod (un trazo similar a una Z o ZZ invertida) para simular el Tetragrámaton. Esta técnica visual evoluciona hacia una abstracción gráfica, pero mantiene la distinción fundamental: no es Kyrios.
El contraste con los manuscritos cristianos más antiguos es absoluto. No poseemos ni un solo manuscrito cristiano del Nuevo Testamento o del Antiguo Testamento (LXX) del primer siglo. Los más tempranos, que datan de finales del siglo II y principios del III (c. 200 d.C.), muestran una convención radicalmente diferente: el sistema de Nomina Sacra.
Alerta Crítica: El Silencio del Siglo I
”La ausencia total de manuscritos cristianos del siglo I es un ‘hueco negro’ en la evidencia. No podemos probar físicamente que los autógrafos originales de Pablo o Marcos usaran Kyrios. Solo podemos inferirlo a partir de la uniformidad masiva de los manuscritos del siglo II en adelante. Es una deducción probabilística, no una certeza arqueológica absoluta.”
- P46 (Papiro Chester Beatty II): La colección más antigua de las Epístolas de Pablo. En cada instancia donde Pablo cita un texto del AT que contiene YHWH, o donde se refiere a Jesús como Señor, el escriba utiliza la abreviatura ΚΣ (kappa-sigma con superlínea).
- P66 (Papiro Bodmer II): Un códice casi completo del Evangelio de Juan. Aquí vemos no solo la contracción de nombres, sino el uso del Estaurograma (una combinación de las letras griegas tau y rho que forma una imagen pictográfica de una persona crucificada). Este símbolo se inserta en las palabras stauros (cruz) y stauroō (crucificar), convirtiendo el texto en un icono visual de la pasión.
- P75 (Papiro Bodmer XIV-XV): Contiene Lucas y Juan. Considerado uno de los manuscritos más precisos (el “patrón” del Códice Vaticano), utiliza consistentemente Nomina Sacra para Dios, Jesús, Señor, Cristo y Espíritu.
Larry Hurtado ha denominado a este fenómeno “Teología Visual”. Para el lector cristiano, ver ΚΣ (Señor) e ΙΣ (Jesús) escritos de la misma manera abreviada, con la misma “línea de santidad” superior, reforzaba subliminal y litúrgicamente la igualdad ontológica de las personas divinas. La distinción visual judía (YHWH vs. Adonai) había sido reemplazada por una identificación visual cristiana.
La Reacción Judía Tardía: Aquila, Símmaco y Teodoción
A medida que los cristianos se apropiaban de la Septuagintal y la convertían en su “Antiguo Testamento”, la comunidad judía comenzó a rechazarla. En el siglo II d.C., surgieron nuevas traducciones griegas (Aquila, Símmaco, Teodoción) diseñadas para ser más fieles al texto hebreo oficial y para eliminar las interpretaciones cristianas.
- Aquila (c. 130 d.C.): Discípulo del Rabí Akiva, produjo una traducción hiper-literal. Famosamente, vertió el Tetragrámaton en caracteres paleohebreos dentro de su texto griego, rechazando explícitamente el uso de Kyrios.
- Jerónimo y el “PIPI”: Siglos más tarde, Jerónimo comentaría que en ciertos manuscritos griegos antiguos (probablemente copias de Aquila o la Hexapla de Orígenes), el Nombre de Dios estaba escrito en letras hebreas (yod-he-waw-he), y que los lectores griegos ignorantes, al no reconocer los caracteres, intentaban leerlos de izquierda a derecha como si fueran letras griegas: ΠΙΠΙ (Pipi). Esta anécdota revela hasta qué punto la preservación del Nombre causaba confusión en un mundo que ya había olvidado la práctica judía original.
En resumen, la evidencia textual traza una línea divisoria clara. Del lado judío: preservación gráfica (paleohebreo, cuadrado) o fonética (Iao). Del lado cristiano: traducción total (Kyrios) y teología visual (Nomina Sacra). El Nuevo Testamento, tal como nos ha llegado, se sitúa firmemente en el lado cristiano de esta división escribal, habiendo borrado las huellas de la distinción original.
Los Tres Revisores y la Batalla por el Texto
En el siglo II d.C., la controversia sobre la traducción de las Escrituras llevó al judaísmo a producir nuevas versiones griegas que corrigieran las “desviaciones” de la Septuaginta, la cual había sido apropiada por los cristianos. Estas revisiones, conocidas como “Los Tres” (Hoi Treis), ofrecen una ventana inigualable a la teología del Nombre Divino en la antigüedad tardía.
1. Aquila de Sinope: El Literalismo Radical
Aquila, un prosélito judío y discípulo del rabí Akiva (c. 130 d.C.), produjo una traducción tan extremadamente literal que a menudo violentaba la gramática griega para reflejar la sintaxis hebrea. Su tratamiento del Tetragrámaton es el más famoso: rechazó totalmente el uso de Kyrios.
En todos los manuscritos descubiertos de la versión de Aquila (en los fragmentos de la Geniza de El Cairo y en palimpsestos), el Nombre Divino aparece escrito en caracteres paleohebreos arcaicos (𐤉𐤄𐤅𐤄).
Esta decisión no fue meramente anticuaria; fue polémica. Al rechazar Kyrios —el término que los cristianos usaban para identificar a Jesús con YHWH—, Aquila restauró la “otredad” visual de Dios. Para Aquila, Dios no es un “Señor” genérico; es “El que Es”, cuyo nombre sagrado debe permanecer gráficamente distinto de cualquier título humano o mesiánico. Jerónimo notó con asombro que Aquila incluso traducía la partícula gramatical intraducible ‘et (marcador de objeto directo) como syn (“con”), demostrando hasta qué punto cada jota y tilde del hebreo se consideraba sagrada.
2. Símaco: La Elegancia Literaria
Símaco (fines del siglo II), posiblemente un ebionita (judeocristiano) o un samaritano converso, tomó un camino diferente. Su traducción buscaba el mejor griego idiomático. A diferencia de Aquila, Símaco sí usó Kyrios, pero a menudo recurrió a paráfrasis o títulos alternativos como Despotes (“Amo/Dueño”) para traducir Adonai, reservando Kyrios para YHWH. Sin embargo, dada la escasez de manuscritos directos de Símaco, es difícil sistematizar su práctica tan claramente como la de Aquila. Su importancia radica en que muestra que incluso dentro de las revisiones post-LXX, no había una uniformidad monolítica, aunque la tendencia a evitar la fácil ecuación cristiana YHWH-Jesús estaba presente.
3. Teodoción: El Eslabón Perdido
Teodoción (c. 150 d.C.?) es quizás el más complejo. Su obra no es tanto una nueva traducción como una revisión sistemática (kaige) de la antigua LXX para alinearla con el texto hebreo proto-masorético. Curiosamente, la iglesia cristiana adoptó la versión de Teodoción del libro de Daniel, descartando la versión original de la LXX (Old Greek), que consideraban defectuosa.
En cuanto al Nombre Divino, los manuscritos de Teodoción a menudo muestran una vacilación. A veces translitera palabras difíciles, pero generalmente mantiene Kyrios. Sin embargo, su revisión es la base de la recensión kaige hallada en Naḥal Ḥever, donde, como vimos, se usa el paleohebreo. Esto sugiere una evolución: las etapas tempranas de la revisión (pre-cristianas o judías tempranas) retenían el Nombre, mientras que las copias posteriores, asimiladas por la Iglesia, regularizaron el Kyrios.
El Enigma de la Hexapla y el Error “PIPI”
La evidencia suprema de esta lucha textual se encuentra en la Hexapla de Orígenes (c. 240 d.C.), una obra monumental que disponía el texto bíblico en seis columnas paralelas: (1) Hebreo, (2) Transliteración al griego, (3) Aquila, (4) Símaco, (5) LXX, (6) Teodoción.
Orígenes, el mayor erudito de la iglesia antigua, hizo una observación reveladora en su comentario al Salmo 2. Afirma que en los manuscritos “más exactos” (akribesterois) de la LXX, el Nombre está escrito en caracteres hebreos (no griegos), y específicamente en caracteres “antiguos” (paleohebreos), no en los cuadrados modernos.
“En las copias más exactas, el Nombre se escribe en caracteres hebreos, pero no en los de hoy, sino en los más antiguos”. (Orígenes, Selecta in Psalmos)
Esto confirma que, incluso en el siglo III, los intelectuales cristianos sabían que la práctica original judía no era Kyrios. Pero Orígenes añade una anécdota tragicómica que ilustra la desconexión cultural: muchos cristianos griegos, al ver las cuatro letras hebreas יהוה (yod-he-waw-he) en sus manuscritos, y no sabiendo leer hebreo, pensaban que eran letras griegas escritas de izquierda a derecha. Por su similitud visual, leían ΠΙΠΙ (Pipi).
- He (ה) se parece a Pi (Π).
- Waw (ו) o Yod (י) se parecen a Iota (Ι).
Jerónimo, escribiendo un siglo después, confirma esta práctica, burlándose de los “ignorantes” que leían el nombre de Dios como “Pipi”. Este error grotesco —convertir el Nombre Inefable en un sonido sin sentido— es la prueba definitiva de que la continuidad de la tradición oral judía se había roto en la iglesia gentil. La presencia del paleohebreo se había convertido en un obstáculo ilegible, lo que aceleró la adopción universal del estandarizado y legible Kyrios.
La Paradoja de la Pronunciación: Ketiv y Qere
La transición de YHWH a Kyrios no fue un accidente de traducción, sino la resolución de una tensión teológica inherente al judaísmo del Segundo Templo. Esta tensión residía en el abismo creciente entre lo que estaba escrito (Ketiv) y lo que se leía (Qere).
Aunque los rollos hebreos conservaban inalterado el Tetragrámaton, la práctica litúrgica había impuesto un tabú estricto sobre su vocalización. YHWH se había convertido en el “Nombre Inefable”. En la lectura pública de la Torá, cada vez que el lector encontraba las cuatro letras sagradas, pronunciaba automáticamente Adonai (“Mi Señor”). Esta sustitución oral creó una “identidad acústica” para Dios que divergía radicalmente de su identidad gráfica. Para el oído del adorador promedio, Dios era Adonai; para el ojo del escriba, era YHWH.
El problema surgió al trasladar esta Biblia hebrea al griego koiné de la diáspora. ¿Debía la traducción reflejar la realidad textual (Ketiv) o la realidad litúrgica (Qere)?
- Opción A (Fidelidad Textual): Transcribir el Nombre fonéticamente (Iao) o copiarlo gráficamente (Paleohebreo). Esto preservaba la identidad visual de YHWH pero creaba un texto “impronunciable” para los griegos.
- Opción B (Fidelidad Litúrgica): Traducir el sustituto oral (Adonai) por su equivalente griego (Kyrios). Esto hacía el texto legible y fluido, pero borraba la distinción única del Nombre.
La evidencia de Qumrán sugiere que los judíos optaron inicialmente por la Opción A. Sin embargo, el cristianismo primitivo abrazó la Opción B con un fervor teológico sin precedentes. Al canonizar la lectura oral (Adonai) como la realidad escrita (Kyrios), los cristianos eliminaron el “freno de seguridad” que protegía la singularidad de YHWH.
La Mecánica de la Transferencia Semántica
Cuando Kyrios reemplazó definitivamente a YHWH en los códices cristianos, ocurrió un fenómeno lingüístico de consecuencias sísmicas: la absorción semántica.
En el griego clásico y koiné, Kyrios era un adjetivo sustantivado que denotaba autoridad, poder o posesión. Podía aplicarse a dioses (Zeus, Sarapis), a reyes (Faraón, César), o a amos de esclavos. Era un título funcional, no un nombre propio. Pero al ser utilizado sistemáticamente para traducir el Nombre Inefable de Dios, el término Kyrios en la Biblia griega se cargó de una densidad ontológica que nunca tuvo en el lenguaje secular. Se convirtió en el “Nombre sobre todo nombre”.
Para que esta transferencia funcionara, los traductores cristianos (o los revisores de la LXX que ellos adoptaron) manipularon la sintaxis griega. Frecuentemente, usaron Kyrios sin el artículo definido (ho Kyrios), tratándolo gramaticalmente como un nombre propio.
- Griego Normal: Ho kyrios (“El señor viene”).
- Griego Bíblico (LXX/NT): Kyrios (“Señor viene”).
Este “absolutismo semántico” borró la línea entre título y nombre. Cuando Pablo escribe en Romanos 10:13: “Todo el que invoque el nombre del Señor (Kyrios) será salvo”, está citando Joel 2:32 (“nombre de YHWH”). Para un lector judío que viera YHWH en el texto hebreo o paleohebreo, la referencia era exclusivamente al Padre. Pero para un lector cristiano gentil que leía un manuscrito griego donde tanto Dios como Jesús eran llamados Kyrios (y abreviados idénticamente como ΚΣ), la distinción se evaporaba. YHWH había sido absorbido por Kyrios, y Kyrios ahora pertenecía a Jesús.
Insight Teológico: El Poder de la Anarthrous Construction
”La ausencia de artículo definido ante Kyrios es la clave gramatical de la deificación. En griego, ‘el Señor’ (ho kyrios) es un título; ‘Señor’ (Kyrios) actúa como un nombre propio. Al aplicar Kyrios anartro a Jesús, los autores del NT le atribuyen la singularidad nominal que antes solo poseía YHWH.”
El Triunfo del Códice y la Estandarización Teológica
Un factor material decisivo en esta metamorfosis fue la “revolución tecnológica” del libro. Mientras que el judaísmo permaneció fiel al formato del rollo (megillah) para sus escrituras sagradas, el cristianismo adoptó desde muy temprano el códice (hojas plegadas y cosidas, el antepasado del libro moderno).
El códice permitía agrupar múltiples textos en un solo volumen (e.g., los cuatro Evangelios + Pablo), algo imposible en los rollos voluminosos. Esta compresión física exigía una estandarización escribal. Mantener la práctica judía de escribir el Tetragrámaton en caracteres hebreos arcaicos dentro de un texto griego era una pesadilla logística para copistas gentiles que no sabían hebreo. Interrumpía el flujo de la escritura y requería cambiar de pluma o dejar espacios en blanco para ser rellenados después.
El sistema de Nomina Sacra ofreció una solución técnica y teológica brillante. En lugar de cambiar de alfabeto, los escribas cristianos simplemente contraían las palabras sagradas (Dios, Señor, Jesús, Cristo) y trazaban una línea horizontal sobre ellas. Esto ahorraba espacio (vital en el costoso pergamino) y unificaba visualmente a las figuras divinas.
- Dios = ΘΣ (Theos)
- Señor = ΚΣ (Kyrios)
- Jesús = ΙΣ (Iesous)
- Cristo = ΧΣ (Christos)
Roberts y Skeat (1983) han argumentado persuasivamente que la adopción del códice y la invención de los Nomina Sacra fueron fenómenos paralelos que definieron la identidad cristiana primitiva. El “Libro Cristiano” no solo contenía un nuevo mensaje; tenía una nueva “cara” textual. En esta nueva interfaz de usuario, YHWH había desaparecido no solo teológicamente, sino gráficamente. La “memoria visual” de la distinción entre Dios y su Mesías fue borrada por la eficiencia del copista y la devoción del teólogo.
La Sociología del Códice y la “Democratización” del Nombre
La transición del rollo al códice no fue solo una innovación tecnológica; fue una declaración sociológica que afectó profundamente la transmisión del Nombre Divino.
Los rollos judíos eran objetos de lujo, producidos por escribas profesionales (soferim) altamente remunerados, bajo estrictas reglas de pureza ritual. Escribir el Tetragrámaton requería un baño ritual (mikve) y una pluma nueva. Este proceso elitista garantizaba la preservación visual arcaica del Nombre (paleohebreo o cuadrado), pero limitaba el acceso a las Escrituras a la sinagoga y a los ricos.
El cristianismo primitivo, por el contrario, fue un movimiento de “código abierto” y bajo costo. Sus manuscritos (como P46 o P66) no son obras de arte de caligrafía profesional; son “copias de uso”, a menudo escritas en papiro barato por escribas semiprofesionales o alfabetizados de clase media.
En este contexto de producción masiva y rápida, el sistema de Nomina Sacra (Kyrios = ΚΣ) funcionaba como una tecnología de compresión espiritual y económica.
- Economía: Ahorraba espacio en el papiro.
- Velocidad: Evitaba la necesidad de cambiar de pluma o alfabeto para escribir YHWH en hebreo.
- Universalidad: Permitía que cualquier lector griego, sin conocimiento de hebreo, pudiera leer el texto fluidamente sin tropezar con caracteres ininteligibles.
Esta “democratización” del texto facilitó la expansión del cristianismo, pero tuvo un efecto colateral teológico: el “abaratamiento” del misterio divino. Al eliminar la barrera visual y fonética del Nombre Inefable, Dios se volvió más accesible, pero también más genérico. La sacralidad ritual del escriba judío fue reemplazada por la devoción pragmática del copista cristiano.
Contexto Histórico: El Evangelio Low-Cost
”El uso de Nomina Sacra no solo era teología, era economía de escala. Reducir ‘Jesucristo’ de 10 a 2 letras ahorraba tinta y papiro en un movimiento misionero de escasos recursos. Irónicamente, esta compresión pragmática terminó codificando la doctrina más alta: la igualdad visual de Dios y Cristo.”
El Kyrios cristiano era un Dios “portátil” y leíble, adaptado a una religión misionera que priorizaba la predicación sobre la pureza ritual del texto.
Mecánica Cristológica: La Exégesis de YHWH aplicada a Jesús
La Apropiación Sistemática de los Textos de YHWH
La sustitución textual de YHWH por Kyrios permitió a los autores del Nuevo Testamento llevar a cabo una operación hermenéutica sin precedentes en la historia de las religiones: la transferencia sistemática de atributos, funciones y prerrogativas exclusivas de la deidad suprema (YHWH) a una figura histórica reciente (Jesús), sin abandonar formalmente el marco del monoteísmo judío. David Capes (1992) ha catalogado este fenómeno como “Old Testament Yahweh Texts in Paul’s Christology”, demostrando que no se trata de casos aislados, sino de un patrón estructural.
1. La Invocación de Salvación (Romanos 10:13 / Joel 2:32)
En Romanos 10:9-13, Pablo estructura su argumento soteriológico en torno a la confesión: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor (Kyrios)… serás salvo”. Para fundamentar esta afirmación, cita directamente Joel 2:32: “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor (Kyrios) será salvo”.
- En el Texto Hebreo (MT): El profeta Joel habla inequívocamente del “Día de YHWH”. La salvación consiste en invocar el nombre personal del Dios de Israel.
- En la Exégesis Paulina: Pablo aplica esta promesa escatológica a Jesús. “Invocar el nombre del Señor” ya no significa invocar a YHWH (el Padre), sino invocar a Jesús resucitado.
Esta transferencia es teológicamente sísmica. En el judaísmo del Segundo Templo, la invocación del Nombre era un acto litúrgico supremo, reservado a menudo para el Sumo Sacerdote o para momentos de crisis nacional. Al redirigir esta devoción hacia Jesús, Pablo no está simplemente diciendo que Jesús es un agente divino; lo está colocando en el centro mismo de la relación de pacto que antes ocupaba YHWH.
2. La Soberanía Cósmica (Filipenses 2:9-11 / Isaías 45:23)
El himno cristológico de Filipenses 2 culmina con la exaltación de Jesús y la concesión del “Nombre que es sobre todo nombre”. ¿Cuál es este nombre? Muchos lectores modernos asumen que es “Jesús”. Sin embargo, el texto dice que el nombre le fue dado tras su exaltación. Jesús ya tenía el nombre “Jesús” desde su nacimiento. En el contexto judío, el único “Nombre sobre todo nombre” es el Tetragrámaton, el Nombre Inefable.
La prueba de esta identificación radica en la cita siguiente: “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla… y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor (Kyrios)”. Esto es una cita directa de Isaías 45:23, uno de los pasajes más ferozmente monoteístas de la Biblia hebrea:
“Por mí mismo hice juramento… que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua”. (Isa 45:23, MT)
En Isaías, YHWH jura que Él y solo Él recibirá la adoración universal de las naciones, excluyendo explícitamente a los ídolos (“No hay más Dios que yo”, Isa 45:21). Pablo toma este juramento de exclusividad divina y declara que se cumplirá cuando todas las rodillas se doblen ante Jesús. Aquí, Jesús no reemplaza a YHWH, sino que ejecuta la soberanía de YHWH. La confesión “Jesucristo es Kyrios” es la realización del juramento de YHWH.
3. El Día del Señor (Yom YHWH)
El concepto profético del “Día de YHWH” (Yom YHWH), un día de juicio y vindicación final (Amós 5:18, Sofonías 1:14), sufre una mutación completa. En el Nuevo Testamento, se convierte regularmente en “el Día de nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor 1:8, 2 Cor 1:14, Fil 1:6).
Jesús asume el rol de Juez Escatológico, una función que en el Antiguo Testamento pertenece casi exclusivamente a YHWH. Pablo no siente la necesidad de justificar este cambio; para él, dado que Jesús es el Kyrios, el “Día del Kyrios” le pertenece por derecho propio.
La Identidad Divina y el Monoteísmo Cristológico
¿Cómo reconciliaron los primeros cristianos esta adoración a Jesús con su monoteísmo judío? Richard Bauckham (2008) propone el modelo de la “Cristología de la Identidad Divina”.
Según Bauckham, el monoteísmo judío no se definía filosóficamente por una “esencia” divina abstracta (ousia) compartida, como en el pensamiento griego posterior (Nicea). Se definía por una identidad única, caracterizada por dos funciones exclusivas:
- Soberanía Absoluta: Dios es el único Señor de todo, sin rivales.
- Creación: Dios creó todas las cosas solo/único (badad), sin ayudantes (Isa 44:24).
Al atribuir a Jesús el papel de Creador (“por medio del cual son todas las cosas”, 1 Cor 8:6) y el de Soberano Universal (“se doble toda rodilla”, Fil 2:10), los autores del NT lo situaron dentro de la identidad única de YHWH, y no como un ser creado o un segundo dios subordinado.
Insight Teológico: La Identidad Única
”Según Bauckham, Dios no es una ‘clase’ de seres a la que Jesús se une. Dios es una identidad personal única. La inclusión de Jesús en el Shemá no añade un segundo dios; redefine quién es el Único Dios. Ahora, el Único Dios incluye eternamente la relación Padre-Hijo.”
El uso de Kyrios fue el vehículo lingüístico de esta inclusión. Permitió formular expresiones binitarias como la reescritura del Shemá en 1 Corintios 8:6:
- Shemá (Deut 6:4): “YHWH nuestro Dios, YHWH uno es”.
- Pablo (1 Cor 8:6): “Para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre… y un Señor (Kyrios), Jesucristo”.
Pablo “divide” el Shemá entre el Padre (Dios) y Jesús (Señor), pero mantiene la estructura de unicidad. No son dos dioses, sino un solo Dios indivisible en su señorío, ahora revelado en dos nombres: Theos y Kyrios.
El Patrón de Adoración Binitaria
Larry Hurtado (1998) complementa esta visión analizando la práctica devocional, no solo la teología. Argumenta que el cristianismo primitivo experimentó una “mutación” rápida en su patrón de adoración. A diferencia de otros grupos judíos que honoraban a ángeles o figuras mediadoras (como Moisés o Enoc), los cristianos ofrecían a Jesús el tipo de culto reservado a YHWH:
- Himnos cantados “a Cristo como a un dios” (Plinio el Joven).
- Oraciones dirigidas a Jesús (“Maranatha”, “Señor Jesús, recibe mi espíritu”).
- El bautismo en su nombre.
- La Cena del Señor como rito sagrado de comunión con él.
Esta “binitariedad” (adoración a Dos) dentro de un compromiso monoteísta (creencia en Uno) fue posible gracias a la elasticidad del título Kyrios. Jesús no era un “segundo dios” (deuteros theos), sino la manifestación visible y activa del Kyrios YHWH. La adoración de Jesús se consideraba, paradójicamente, como la forma final de glorificar al Padre (Fil 2:11).
El Gran Debate Cristológico Moderno: Identidad vs. Agencia
La interpretación de la “divinidad temprana” de Jesús se ha convertido en el campo de batalla central de los estudios del Nuevo Testamento. Dos modelos teóricos dominan el paisaje académico actual, cada uno ofreciendo una lectura distinta de cómo Kyrios funcionó en la mente de los primeros cristianos: el modelo de la “Identidad Divina” (Bauckham) y el modelo de la “Agencia Divina” (Dunn/Ehrman).
1. Richard Bauckham: La Inclusión en la Identidad Única
Como vimos, Bauckham sostiene que el monoteísmo judío del Segundo Templo era estricto y “celoso”. No había una zona gris entre Dios y la creación. Dios se definía por quién es (el Único Soberano) y qué hace (crea todas las cosas “solo y sin ayuda”, Isa 44:24).
Para Bauckham, cuando los autores del NT dicen que “todas las cosas fueron creadas por medio de él” (Col 1:16) o le aplican el Nombre Divino, están colocando a Jesús inequívocamente en el lado divino de la línea divisoria. No es una “segunda deidad” (bi-teísmo), sino que está incluido en la identidad única e indivisible de YHWH.
- Argumento Clave: La adoración (latreia). Los judíos piadosos se negaban a adorar ángeles o emperadores (incluso bajo pena de muerte). Si adoraban a Jesús desde el principio (himnos, oraciones), es porque lo consideraban intrínsecamente Dios.
- Texto Paradigma: Apocalipsis 19:10 (“Adora a Dios”). El ángel rechaza la adoración de Juan, trazando una línea clara: solo Dios recibe adoración. Pero en Apoc 5, el Cordero (Jesús) recibe la misma adoración que el que está en el trono. Ergo, el Cordero está “dentro” de la identidad de Dios.
2. James Dunn y Bart Ehrman: La Exaltación y la Agencia
James Dunn (y en una vena más escéptica Bart Ehrman) desafía esta lectura. Dunn argumento que el judaísmo del Segundo Templo era más fluido de lo que Bauckham admite. Existía una categoría de “Agencia Divina Principal”. Figuras como:
- El Hijo del Hombre en 1 Enoc.
- El ángel Yahoel en el Apocalipsis de Abraham.
- El patriarca Moisés en escritos como la “Exagoge” de Ezequiel el Tragico (donde se sienta en el trono de Dios).
Todas estas figuras ejercían funciones divinas (juzgar, gobernar, recibir honor) sin ser ontológicamente YHWH. Actuaban en nombre de YHWH, como un virrey actúa en nombre del rey.
Según este modelo, la cristología primitiva fue Adopcionista o de Exaltación. Jesús no poseía el Nombre Divino por naturaleza eterna (preexistencia), sino que le fue “dado” (echarisato) en su resurrección (Fil 2:9).
- Argumento Clave: Hechos 2:36 (“Sepa certísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”). Aquí, Kyrios es un título otorgado, un estatus adquirido por mérito y obediencia, no una identidad inherente.
- Crítica a la Adoración: Dunn sugiere que la proskynesis ofrecida a Jesús era “veneración” al Agente Supremo de Dios, no latreia absoluta. Era adoración a Dios a través (dia) de Jesús. La distinción funcional permanecía.
3. Larry Hurtado: La Mutación Binitaria
Hurtado intenta mediar, pero se inclina hacia Bauckham en cuanto a la intensidad devocional. Admite que había figuras agentes (ángeles, patriarcas exaltados), pero señala una diferencia crucial: ninguna de estas figuras recibía culto litúrgico corporativo.
- Los judíos podían respetar a Moisés o temer a Yahoel, pero no se reunían el primer día de la semana para “partir el pan” en nombre de Moisés ni le cantaban himnos cósmicos.
- La devoción a Jesús (invocación del nombre, bautismo, cena sagrada) no tiene paralelo en ningún grupo judío conocido. Es una “mutación” sin precedentes.
Hurtado concluye que, aunque el lenguaje de “agencia” pudo ser el punto de partida (Jesús como el Mesías exaltado), la práctica devocional empujó rápidamente a los cristianos a una concepción de “Binitarismo Diteísta” (Dos figuras divinas) que, con el tiempo, derivó en el Trinitarismo para salvar el monoteísmo.
Este debate no es meramente académico. Toca el nervio de la fe cristiana: ¿Es Jesús el rostro humano de YHWH, o es el hombre supremo exaltado por YHWH? La ambigüedad de Kyrios permitió a los primeros cristianos mantener ambas ideas en tensión hasta que los concilios posteriores, forzados por la herejía arriana, tuvieron que definir los límites con precisión metafísica.
Perspectiva Histórica y Comparada
La Batalla por el Monoteísmo: La Herejía de los “Dos Poderes”
La elevación vertiginosa de Jesús al estatus de Kyrios divino no ocurrió en un vacío teológico; provocó una reacción sísmica en el judaísmo rabínico formativo. Alan Segal (1977), en su obra seminal Two Powers in Heaven, documentó cómo los rabinos del siglo II comenzaron a polemizar ferozmente contra una herejía específica conocida como Shtei Rashuyot (“Dos Poderes en el Cielo”).
¿Quiénes eran estos herejes (minim)? La evidencia sugiere que, aunque el término podía abarcar a gnósticos y ciertos grupos apocalípticos judíos que exaltaban ángeles (como Metatrón), el blanco principal eran los cristianos (o judeocristianos). El punto de conflicto era precisamente la exégesis de textos bíblicos donde YHWH parecía aparecer como dos figuras distintas o delegar su autoridad suprema.
- Daniel 7:13: El “Hijo del Hombre” que viene en las nubes y recibe dominio eterno.
- Éxodo 24:10: La visión de los ancianos de Israel que vieron al “Dios de Israel”.
Los cristianos usaban estos pasajes para justificar la adoración a Jesús como el “Segundo Poder” o el “Virrey Divino” que comparte el trono de Dios. La respuesta rabínica fue endurecer las fronteras del monoteísmo. Mientras que el judaísmo del Segundo Templo había tolerado cierta especulación sobre figuras mediadoras exaltadas (como el ángel Yahoel o el patriarca Enoc), la insistencia cristiana en aplicar el Nombre Sagrado (YHWH/Kyrios) a Jesús y ofrecerle adoración litúrgica cruzó una línea roja.
Como resultado, la Mishná y el Talmud impusieron restricciones severas: se prohibió la pronunciación del Nombre Divino fuera del Templo (Sanedrín 10:1), se maldijo a los minim en la liturgia (la Birkat ha-Minim), y se rechazó la Septuagintal como una traducción corrupta, favoreciendo versiones griegas más literales (Aquila) que no permitían la exégesis cristológica.
Kyrios contra César: El Contexto Imperial
Mientras los cristianos debatían con la Sinagoga sobre la identidad de Dios, entraron en colisión frontal con el Estado Romano sobre la identidad del Soberano. En el siglo I, el título Kyrios no era religiosamente neutral; era el título político-religioso por excelencia del Emperador.
El culto imperial exigía lealtad absoluta. Emperadores como Domiciano (81-96 d.C.) llevaron esto al extremo, exigiendo ser tratados como Dominus et Deus noster (“Nuestro Señor y Dios”). En las ciudades de Asia Menor (el contexto del Apocalipsis), los ciudadanos participaban en festivales donde confesaban que César era Kyrios.
En este ambiente cargado, la confesión bautismal cristiana “Iesous Kyrios” (Jesús es el Señor) adquirió una carga subversiva letal. No era solo una afirmación teológica (“Jesús es divino”); era una declaración política de “alta traición”: “Si Jesús es el Kyrios, entonces César no lo es”.
Alerta Crítica: Alta Traición Semántica
”No debemos subestimar el peligro político de Kyrios. Para un romano, negar el título al César era sedición. Los cristianos murieron no por creer en un dios judío, sino por negar la soberanía absoluta del Estado al transferir el título imperial a un criminal judío crucificado.”
Deissmann (1910) acuñó el término “paralelismo polémico” para describir cómo los cristianos se apropiaron del vocabulario del culto imperial (Kyrios, Soter, Evangelion, Parusía) y lo aplicaron a Jesús para deslegitimar al Imperio. Sin embargo, había una diferencia crucial: el Kyrios romano era un título de poder bruto y dominación política. El Kyrios cristiano, cargado con la memoria semántica de YHWH, era un título de soberanía cósmica y ética, redefinido por la cruz. Jesús era el “Señor” que lavaba los pies de sus siervos, una inversión total de la lógica imperial.
La Supervivencia Clandestina: Los Papiros Mágicos
Un fenómeno fascinante que ilumina la “supresión” del Nombre Divino en la ortodoxia es su explosiva supervivencia en la heterodoxia. Los Papiros Mágicos Griegos (PGM), una colección de hechizos y rituales del Egipto grecorromano (siglos II-V d.C.), muestran un uso desenfrenado de los nombres divinos semíticos.
A diferencia de los escribas cristianos que disciplinadamente escribían Kyrios y Theos, los magos invocaban el poder bruto de los nombres fonéticos:
- IAO (la forma griega de Yahu/Yahweh).
- Sabaoth (de YHWH Tzevaot).
- Adonai.
- Eloai (Elohim).
Lo más sorprendente es la mezcla sincrética. En el PGM IV (el Gran Papiro Mágico de París), encontramos invocaciones a “Jesús Cristo” junto a “Iao Sabaoth” y deidades egipcias o griegas. Para la mentalidad mágica, el nombre no era una revelación de carácter, sino una “frecuencia de poder”. Saber el nombre verdadero (Ren en egipcio, Shem en hebreo) daba control sobre la entidad.
Contexto Histórico: IAO en el Underground
”Mientras la Iglesia borraba la fonética de YHWH, los magos la conservaban. Los Papiros Mágicos son la evidencia irrefutable de que la pronunciación Iao (Yah) no se perdió, sino que fue empujada a la marginalidad esotérica. La ortodoxia prefirió el título seguro (Kyrios) al nombre peligroso (Iao).”
La Iglesia primitiva rechazó este uso “mágico” del Nombre. Al adoptar Kyrios, no solo seguía una convención judía (Qere), sino que se distanciaba de la manipulación ritual pagana. Jesús no era un nombre para conjurar (hocus pocus), sino una Persona a quien obedecer. Sin embargo, la persistencia de Iao en los papiros prueba que la pronunciación del Nombre no se había perdido totalmente; simplemente había sido exiliada de la liturgia oficial a la clandestinidad de la magia.
Gnosticismo: La Fragmentación del Kyrios
Finalmente, debemos mencionar la solución gnóstica al problema de los “Dos Poderes”. Sectas como los valentinianos o los setianos resolvieron la tensión distinguiendo radicalmente entre el Dios Supremo (el Padre inefable, el Bythos) y el Creador inferior (el Demiurgo, a menudo identificado con el YHWH del Antiguo Testamento).
En sus textos (e.g., el Apócrifo de Juan), el título Kyrios a menudo se aplica al Demiurgo (Ialdabaoth), quien declara arrogantemente “Yo soy Dios y no hay otro”, ignorando que su poder proviene del Padre verdadero. Para los gnósticos, Jesús no era la encarnación de YHWH/Kyrios, sino el emisario del Padre desconocido que venía a liberarnos de la tiranía del Kyrios cósmico. Esta teología, aunque herética para la Gran Iglesia, es un testimonio indirecto de cuán problemática se había vuelto la identificación de Jesús con el Dios del Antiguo Testamento. La ortodoxia cristiana tuvo que navegar entre dos extremos: el diteísmo gnóstico (dos dioses opuestos) y el monarquianismo estricto (un solo dios sin distinción), forjando en el proceso la doctrina de la Trinidad, donde el Kyrios Jesús y el Theos Padre son Uno.
El Eslabón Arameo: La Teología del Memra
Mientras el cristianismo primitivo articulaba su “Alta Cristología” en griego usando Kyrios, el judaísmo rabínico desarrollaba una teología paralela en arameo a través de los Targumim (traducciones interpretativas de la Biblia hebrea leídas en las sinagogas). Aquí surge un concepto fascinante que podría ser el “eslabón perdido” entre el monoteísmo judío estricto y la teología del Logos de Juan: el Memra (La Palabra).
1. ¿Qué es el Memra?
En los Targums (como Onqelos y Neofiti), los traductores rabínicos sistemáticamente evitaban atribuir acciones antropomórficas directamente a YHWH. Si el texto hebreo decía “YHWH caminó en el huerto” o “YHWH se arrepintió”, el Targum traducía: “La Voz del Memra de YHWH caminó” o “El Memra de YHWH se arrepintió”.
El término Memra (arameo: memrā, “palabra” o “dicho”) funcionaba como un “buffer” teológico. Protegía la trascendencia de Dios. Pero en muchos pasajes, el Memra parece adquirir una cuasi-personalidad. Es el Memra quien crea el mundo, quien hace pactos con los patriarcas, y quien salva a Israel.
- Génesis 28:21 (Targum Neofiti): Jacob no dice “YHWH será mi Dios”, sino “El Memra de YHWH será mi Dios”.
- Éxodo 12:42 (Poema de las Cuatro Noches): Se describe al Memra como el agente creador (“La primera noche, cuando el Memra de YHWH se manifestó sobre el mundo para crearlo”).
2. Memra y Logos: ¿Cuál es la relación?
Durante mucho tiempo, los eruditos debatieron si el Memra era simplemente un recurso gramatical o una hipóstasis divina. Hoy, la mayoría acepta que, aunque no era una “segunda persona” en el sentido trinitario, sí preparó el terreno conceptual para el Logos de Juan.
Cuando Juan escribe en su Prólogo (Jn 1:1): “En el principio era el Verbo (Logos), y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”, está usando categorías que un judío de la sinagoga habría reconocido inmediatamente. Juan no necesitaba recurrir a la filosofía estoica griega; tenía el Memra arameo.
- El Memra estaba “con Dios” en la creación.
- El Memra manifestaba la presencia de Dios (Shekinah).
- El Memra era Dios en su acción reveladora.
La innovación radical de Juan no fue la existencia del Logos/Memra, sino su encarnación. Ningún targumista habría dicho jamás: “Y el Memra se hizo carne” (Jn 1:14). Eso rompía el esquema. Para el judaísmo, el Memra era el medio por el cual Dios se mantenía separado del mundo físico; para Juan, el Logos es el medio por el cual Dios se une a la materia.
Otra vía de desarrollo teológico paralelo fue la figura del Ángel de YHWH (Mal’ak YHWH). En el Pentateuco, este ángel habla a menudo en primera persona como Dios (Gén 16:10, 22:11, Éx 3:2). En Éxodo 23:20-21, Dios dice de este ángel: “Mi Nombre está en él” (ki shemi be-qirbo).
En la literatura mística judía posterior (especialmente en los textos de Hekhalot y Merkabah), esta figura evoluciona hacia Metatrón, el “Príncipe del Rostro”, a quien a veces se llama “el YHWH Menor” (YHWH Ha-Qatan). Metatrón se sienta en un trono en el cielo, escribe méritos para Israel y funciona como el vice-regente celestial.
La herejía de los “Dos Poderes” (Shtei Rashuyot) que combatieron los rabinos probablemente surgió de grupos que llevaban esta especulación demasiado lejos, adorando a Metatrón o identificándolo con Jesús. El cristianismo se apropió de esta tradición del “Ángel del Nombre” (Justino Mártir identifica explícitamente a Jesús con el Ángel de YHWH), argumentando que Jesús no es un ángel creado como Metatrón, sino el Hijo increado que comparte la esencia del Padre.
Así, vemos que la “Alta Cristología” no fue una importación pagana, sino una disputa interna judía sobre quién tiene derecho a llevar el Nombre y sentarse en el Trono: ¿El Memra? ¿Metatrón? ¿O Jesús de Nazaret?
Debate Apologético: Desmontando los Clichés
1. El Mito del “Yo Soy” (Ego Eimi) en Juan 8:58
Uno de los argumentos más repetidos en la apologética popular es que Jesús, al declarar “antes que Abraham fuese, yo soy” (prin Abraam genesthai ego eimi), estaba citando directamente el Nombre Divino revelado a Moisés en Éxodo 3:14 (“YO SOY EL QUE SOY”). Según esta lectura, el intento de lapidación por parte de los judíos confirma que entendieron la blasfemia: Jesús se estaba llamando a sí mismo YHWH.
Sin embargo, un análisis filológico riguroso revela grietas significativas en esta ecuación:
- La Cita de Éxodo: En la Septuaginta (LXX), la frase de Éxodo 3:14 no es simplemente ego eimi, sino Ego eimi ho on (“Yo soy el que es” o “Yo soy el Ser”). Si Juan hubiera querido citar explícitamente este pasaje, habría incluido el predicado ho on.
- El Contexto de Isaías: La verdadera fuente del “Yo soy” joánico no es el Éxodo, sino los oráculos de juicio y salvación del Deutero-Isaías (Isaías 40–55). Allí, YHWH declara repetidamente ani hu (“Yo soy Él” o “Soy yo mismo”), frase que la LXX traduce consistentemente como ego eimi.
- Isaías 43:10: “Para que sepáis y creáis… que yo soy (hina… pisteusēte… hoti ego eimi).”
- Juan 13:19: “Para que cuando suceda, creáis que yo soy (hina pisteusēte… hoti ego eimi).”
- Juan 8:24: “Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.”
La diferencia es crucial. En Isaías, ani hu no es un nombre ontológico (“El Ser”), sino una reivindicación de exclusividad y soberanía: “Yo soy el único que salva; yo soy el que actúa en la historia”. Al apropiarse de esta fórmula, Jesús no está reclamando ser la zarza ardiente, sino ser la encarnación de la acción salvífica exclusiva de YHWH. Es una reivindicación funcional extrema (“Sin mí no hay salvación”), no necesariamente una ecuación de esencia metafísica.
Además, el uso de ego eimi no siempre implica divinidad. En Juan 9:9, el ciego de nacimiento, al ser interrogado por sus vecinos, responde con las mismas palabras: ego eimi (“soy yo” / “yo soy”). Nadie lo apedrea ni lo adora. El contexto determina el significado.
2. Adoración: ¿Proskynesis o Latreia?
El argumento de que Jesús “aceptó adoración” y, por tanto, reclamaba ser Dios, ignora la terminología técnica del culto en el mundo antiguo. El Nuevo Testamento utiliza dos palabras principales que nuestras biblias traducen a menudo indistintamente como “adorar”:
Proskynesis vs. Latreia (Tabla Léxica)
| Término Griego | Significado Literal | Uso Bíblico |
|---|
| Proskynesis | Postrarse / Besar hacia | Gesto de respeto a reyes, profetas y ángeles. No implica divinidad per se. |
| Latreia | Servicio Sagrado / Culto | Servicio sacrificial reservado EXCLUSIVAMENTE a Dios. |
Jesús recibe frecuentemente proskynesis (Mt 2:11, 8:2, 14:33), pero nunca se dice explícitamente que reciba latreia en los Evangelios. La “adoración” que recibe es el homenaje debido al Rey Mesiánico de Israel, el Virrey de Dios.
Hurtado (1998) argumenta que la verdadera innovación cristiana no fue la proskynesis aislada, sino el desarrollo de un patrón devocional donde Jesús es incluido en la latreia corporativa (himnos, oraciones comunitarias). Pero incluso aquí, la distinción se mantiene: se adora a Dios por medio de Jesucristo, o se glorifica a Jesús para gloria de Dios Padre. No es una adoración simétrica (dos dioses iguales), sino una adoración jerárquica (el Padre como fuente, el Hijo como agente).
3. “¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?” (Marcos 2)
Este episodio se cita a menudo como la prueba definitiva de la autoconciencia divina de Jesús. Si solo Dios perdona pecados y Jesús perdona pecados, ergo Jesús es Dios.
Sin embargo, esta lógica ignora el concepto judío de la “Agencia Divina” (Shaliajal). Un agente plenipotenciario actúa con la autoridad total de quien lo envía. En Éxodo 23:20-21, Dios envía a su Ángel delante de Israel y advierte: “Guárdate delante de él… porque no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.
Aquí tenemos a una figura distinta de YHWH (un ángel) que tiene la autoridad delegada de perdonar (o retener) pecados porque “lleva el Nombre”. Jesús, en Marcos 2:10, no reclama perdonar por su propia autoridad intrínseca como Dios, sino que afirma: “Para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”. Es una autoridad delegada y funcional, ejercida en la tierra por el Mesías.
Mateo 9:8 confirma esta interpretación: al ver el milagro, las multitudes “glorificaron a Dios, que había dado tal potestad a los hombres”. Los testigos oculares no concluyeron que Jesús fuera YHWH, sino que Dios había investido a un hombre con su autoridad prerrogativa.
4. El Anacronismo Trinitario
Finalmente, el debate apologético a menudo adolece de un anacronismo fatal: leer los textos del siglo I con las gafas del Concilio de Nicea (siglo IV). Cuando Pablo llama a Jesús Kyrios, no está pensando en la segunda persona de una Trinidad consustancial (homoousios). Está pensando en categorías judías de exaltación regia y agencia divina.
El “Binitarismo Incipiente” de los primeros cristianos era fluido y dinámico. Jesús estaba “en la forma de Dios” (Fil 2:6) y era la “imagen del Dios invisible” (Col 1:15), pero al final, “el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Cor 15:28). Esta subordinación escatológica final es difícil de reconciliar con la co-igualdad estática del dogma posterior.
La sustitución de YHWH por Kyrios facilitó la evolución hacia el Trinitarismo, al borrar la distinción léxica entre el Padre y el Hijo, pero no debemos confundir el medio (la ambigüedad textual) con el fin (el dogma desarrollado). En el siglo I, Jesús es el Señor a la diestra de Dios, no el Dios en sí mismo en un sentido de identidad total.
Exorcismo Filológico: El Origen del Nombre “Jehovah”
Un error persistente que infecta tanto la apologética popular como ciertas traducciones bíblicas es la creencia de que el Nombre Divino se pronuncia “Jehovah” (o Jehová en español). Este nombre es un fantasma lingüístico, un híbrido que nunca existió en la lengua hebrea antigua. Su disección es necesaria para limpiar el terreno teológico.
1. La Anatomía del Error
El Tetragrámaton consta de cuatro consonantes: YHWH (Yod-He-Waw-He). En el hebreo antiguo pre-exílico, se pronunciaba vocalizado. La reconstrucción filológica más sólida, basada en transcripciones griegas antiguas (como Iabe en Teodoreto de Ciro y textos samaritanos), sugiere que la pronunciación original era Yahweh.
Sin embargo, tras el exilio babilónico, surgió el tabú de la pronunciación. Para evitar violar el mandamiento de “no tomar el nombre en vano”, los judíos sustituyeron la lectura oral por Adonai (“Mi Señor”).
Cuando los masoretas (escribas judíos medievales, ss. VI-X d.C.) inventaron el sistema de puntos vocálicos (niqqud) para preservar la pronunciación del hebreo, se enfrentaron a un dilema: ¿Cómo vocalizar YHWH sin que el lector lo pronunciara accidentalmente?
Solución: Tomaron las vocales de Adonai (a-o-a) y las insertaron debajo de las consonantes de YHWH.
- Y (con vocal reducida sheva de Adonai = e)
- H (con vocal holem de Adonai = o)
- W (con vocal qamets de Adonai = a)
Resultado visual: Ye-Ho-WaH.
Esta combinación era un código visual (Qere perpetuo) que instruía al lector judío: “No leas lo que ves (Yehowah); lee la palabra sustituta (Adonai)”. Nunca hubo la intención de que se pronunciara “Yehowah”.
Desgraciadamente, eruditos cristianos medievales como Pedro Galatino (1518), ignorantes de esta convención masoreta, leyeron el código literalmente. Mezclaron las consonantes de un nombre con las vocales de otro, creando el monstruo híbrido “Jehovah”. Traducciones como la Reina-Valera (1602) consagraron este error, y sectas modernas lo han convertido en una bandera de ortodoxia, cuando irónicamente es una deformación filológica tardía.
Alerta Crítica: El Error Frankenstein
”Defender la forma ‘Jehová’ como nombre sagrado es indefendible filológicamente. Es como tomar las consonantes de ‘Germany’ (G-R-M-N-Y) y ponerle las vocales de ‘Deutschland’ (e-u-a). El resultado ‘Gerumanay’ no es un nombre real, es un error de lectura. Jehová es un neologismo medieval, no el nombre bíblico.”
El Reto del Unitarismo Bíblico Moderno: Adonai vs. Adoni
En el frente cristológico, el argumento unitario moderno (representado por autores como Anthony Buzzard) se centra en una distinción vocálica sutil en el Salmo 110:1:
“Dijo YHWH a mi Señor (Adoni): Siéntate a mi diestra…”
El argumento es el siguiente: en hebreo, Adonai (con terminación qamets) es un título exclusivo de Dios (el Señor Supremo). Pero Adoni (con terminación hireq y vocal breve) significa “mi señor” humano (rey, profeta, amo).
Los unitarios sostienen que el Texto Masorético del Salmo 110:1 usa inequívocamente Adoni, no Adonai. Por tanto, argumentan, el Mesías a quien YHWH invita a sentarse es un señor humano exaltado, no una segunda persona divina. Es el Rey Davídico ideal, no el Hijo preexistente.
Si Jesús fuera Dios, el texto debería decir: “Dijo YHWH a Adonai”.
La Respuesta Ortodoxa:
- La Flexibilidad del Texto: Aunque la distinción masorética medieval es real, no es absoluta en el periodo del Segundo Templo (pre-masorético). El texto consonántico original (ADNY) podía vocalizarse de ambas formas.
- El Argumento de Jesús: En Marcos 12:35-37, Jesús mismo utiliza este Salmo para confundir a los escribas. Su argumento es: “Si David le llama Señor (Kyrios), ¿cómo es su hijo?”. Si el Mesías fuera solo un rey humano (un Adoni estándar), David no lo llamaría “mi Señor”, pues un padre/ancestro es superior a su descendiente. La paradoja exige que el Mesías sea superior a David, trascendiendo la categoría humana ordinaria.
- La Exaltación Excesiva: Ningún Adoni humano en la Biblia se sienta jamás en el trono de YHWH. Sentarse en la diestra de Dios es una prerrogativa que rompe la categoría de señorío humano. Gabriel, Miguel y los ángeles están de pie (Is 6, Dan 7:16). Solo Dios se sienta. Que Jesús se siente implica que su estatus de “Señor” ha cruzado la frontera ontológica hacia lo divino.
La Confesión de Tomás: ¿Teología o Exclamación?
Un último bastión de la apologética tradicional es la climática confesión de Tomás en Juan 20:28: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Ho Kyrios mou kai ho Theos mou).
Para muchos, esto cierra el caso: Tomás llama a Jesús explícitamente Theos.
Sin embargo, el análisis crítico debe considerar tres factores:
-
La Función Litúrgica: Como señaló el erudito católico Raymond Brown, esta frase es probablemente una fórmula litúrgica de la comunidad joánica primitiva, insertada en la narrativa. Refleja el lenguaje de culto del Salmo 35:23 (“Despierta… Dios mío y Señor mío”). Tomás no está haciendo una declaración ontológica sobre la trinidad inmanente, sino una declaración de lealtad pactual. En el contexto del Imperio Romano, donde Domiciano exigía ser llamado “Señor y Dios”, la confesión de Tomás es un acto subversivo de transferencia de lealtad: “Tú, Jesús, eres mi Autoridad Suprema, no el César”.
-
La Gramática del Vocativo: Algunos unitarios han argumentado que Tomás está, en su asombro, mirando a Jesús pero dirigiéndose a Dios el Padre (“¡Oh Dios mío!”). Sin embargo, la gramática griega (eipen autō - “dijo a él”) hace difícil esta evasiva. Tomás se dirige a Jesús.
No obstante, la fuerza de Theos aquí puede ser funcional. En el mundo antiguo, el título Theos se podía aplicar a agentes divinos, reyes o jueces (Sal 82:6, “Yo dije: Vosotros sois dioses”; Jn 10:34). Si Jesús es el Agente Supremo que ha vencido a la muerte, él ejerce la función de Dios en la tierra. Tomás reconoce que en el rostro de Jesús ve la autoridad total de YHWH.
-
El Clímax del Evangelio: Juan ha estructurado su evangelio para mover al lector de ver a Jesús como “Rabí” a verlo como el “Unigénito Dios” (Jn 1:18) que explica al Padre. La confesión de Tomás es la respuesta correcta a la revelación del Padre en el Hijo. No significa necesariamente que Tomás piense que Jesús es el Padre, sino que Jesús es la presencia definitoria de Dios para él. Como dice Jesús inmediatamente después: “¿Porque me has visto has creído?”. La fe no es creer una proposición metafísica, sino reconocer la Presencia Divina en el Crucificado.
En conclusión, Juan 20:28 es el punto más alto de la Cristología del NT, donde Kyrios y Theos convergen. Pero convergen en la persona del Hijo en relación con el Padre, no como una mónada aislada.
Síntesis Final
Evidencia Paleográfica
El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto (e.g., 4Q120) y papiros judíos como P. Fouad 266 ha demostrado que la traducción sistemática de YHWH por Kyrios no fue una práctica judía original. Los escribas pre-cristianos preservaban el Nombre Divino en caracteres paleohebreos o aramaicos, evidenciando una distinción visual y sacra que el cristianismo primitivo abandonó.
Mecánica Teológica
La adopción universal de Kyrios por parte de los autores del Nuevo Testamento creó una “ambigüedad constructiva”. Al utilizar el mismo título para Dios Padre y para Jesús, se facilitó la transferencia de atributos, funciones y textos de YHWH (como Joel 2:32 o Isaías 45:23) a la figura de Cristo, sentando las bases de la “Cristología de la Identidad Divina”.
Innovation Escribal
El sistema de Nomina Sacra (contracción de nombres divinos) y el uso del Estaurograma constituyen una innovación tecnológica y teológica cristiana. Esta práctica visualizó la divinidad de Jesús en el propio manuscrito, rompiendo con la tradición judía del rollo y abrazando el formato del códice como vehículo de la nueva revelación.
Infografía
La Evolución Visual del Nombre Divino
La siguiente infografía sintetiza la transformación paleográfica y teológica del Nombre Divino, desde su preservación reverencial en el judaísmo del Segundo Templo hasta su metamorfosis cristológica en el cristianismo primitivo.
El gráfico superior ilustra la dramática desaparición de los manuscritos griegos que conservaban el Tetragrámaton (azul) a medida que el cristianismo estandarizó el uso de Kyrios y Nomina Sacra (violeta) a partir del siglo II.
Cronología de la Sustitución
1c. 400 a.C. - Estandarización Judía
Los escribas judíos usan la escritura cuadrada aramea para el texto bíblico, pero retienen la escritura paleohebrea arcaica exclusivamente para el Tetragrámaton (YHWH) como signo de santidad.
2c. 100 a.C. - La LXX Pre-Cristiana
Manuscritos como 4Q120 transliteran el nombre como IAO, y el Papiro Fouad 266 inserta YHWH en hebreo cuadrado dentro del texto griego. No hay evidencia de Kyrios como sustituto escrito todavía.
3c. 50-60 d.C. - La Apropiación Paulina
Pablo dicta sus cartas aplicando sistemáticamente pasajes de YHWH a Jesús bajo el título Kyrios (e.g., Filipenses 2:9-11, Romanos 10:13).
4c. 200 d.C. - La Norma Cristiana
Los papiros cristianos más antiguos (P46, P66, P75) muestran el sistema de Nomina Sacra totalmente desarrollado: ΚΣ (Señor) e ΙΣ (Jesús) se escriben igual, visualizando su unidad ontológica.
La Red de Transferencia Textual
Este gráfico de anillo muestra cómo los textos del AT que originalmente referían a YHWH fueron redistribuidos en el NT: una porción significativa (40%) se aplica directamente a Jesús, redefiniendo su identidad.
| Texto Fuente (AT) | Referente Original | Texto Destino (NT) | Nuevo Referente |
|---|
| Joel 2:32 | YHWH (Dios) | Romanos 10:13 | Jesús (Señor) |
| Isaías 45:23 | YHWH (Dios) | Filipenses 2:10-11 | Jesús (Señor) |
| Isaías 40:3 | YHWH (Dios) | Marcos 1:3 | Jesús (Señor) |
| Salmo 34:8 | YHWH (Dios) | 1 Pedro 2:3 | Jesús (Señor) |
Bibliografía Selecta y Recursos Académicos
Esta investigación se ha basado en las siguientes fuentes críticas y ediciones académicas. Se recomienda su consulta para profundizar en la historia textual, filológica y teológica del Nombre Divino.
Fuentes Primarias (Manuscritos)
- 4Q120 (4QpapLXXLev-b): Manuscrito griego del Levítico hallado en Qumrán (c. I a.C.) que translitera el Nombre como IAO.
- P. Fouad 266: Segundo manuscrito más antiguo de la LXX (Deuteronomio, c. I a.C.), famoso por incrustar el Tetragrámaton en caracteres arameos cuadrados.
- P46, P66, P75: Papiros cristianos más antiguos del NT (c. 200 d.C.), testigos clave del sistema de Nomina Sacra.
- Hexapla de Orígenes: Obra crítica del s. III que documenta la presencia de YHWH en manuscritos judíos frente a Kyrios en copias cristianas.
Literatura Secundaria (Estudios Críticos)
- Bauckham, Richard. Jesus and the God of Israel: God Crucified and Other Studies on the New Testament’s Christology of Divine Identity. Grand Rapids: Eerdmans, 2008. (Obra fundamental sobre la “Identidad Divina”).
- Capes, David B. Old Testament Yahweh Texts in Paul’s Christology. Tübingen: Mohr Siebeck, 1992. (Catálogo exhaustivo de la transferencia textual YHWH -> Kyrios en Pablo).
- Hurtado, Larry W. Lord Jesus Christ: Devotion to Jesus in Earliest Christianity. Grand Rapids: Eerdmans, 2003. (Análisis del patrón de adoración binitaria temprana).
- Hurtado, Larry W. The Earliest Christian Artifacts: Manuscripts and Christian Origins. Grand Rapids: Eerdmans, 2006. (Estudio sobre la “Teología Visual” de los Nomina Sacra y el códice).
- Tov, Emanuel. Textual Criticism of the Hebrew Bible. 3rd ed. Minneapolis: Fortress Press, 2012. (La autoridad en crítica textual sobre Qumrán y la LXX).
- Roberts, C.H. & Skeat, T.C. The Birth of the Codex. London: Oxford University Press, 1983. (El estudio clásico sobre la adopción cristiana del libro).
- Hengel, Martin. The Septuagint as Christian Scripture. Grand Rapids: Baker Academic, 2002. (Historia de la apropiación cristiana de la Biblia griega).
- Dunn, James D.G. Did the First Christians Worship Jesus? London: Westminster John Knox, 2010. (Perspectiva crítica sobre la naturaleza de la devoción temprana).
- Fitzmyer, Joseph A. The Semitic Background of the New Testament Kyrios Title. 1979. (Análisis filológico del trasfondo arameo Mareh).