La Tesis Crítica
Introducción: El Advenimiento del Método Histórico
La publicación de Vie de Jésus el 24 de junio de 1863 no fue simplemente un evento literario; constituyó un sismo epistemológico en la conciencia europea. Ernest Renan, filólogo, semitista y ex seminarista, se atrevió a aplicar, por primera vez con tal rigor literario y científico, las herramientas de la crítica histórica moderna a la figura más sagrada de Occidente. A diferencia de las áridas disecciones de la Escuela de Tubinga o del mito abstracto de David Friedrich Strauss, Renan ofreció una reconstrucción biográfica vibrante, psicológica y geográficamente anclada.
Su tesis central es tan simple como devastadora para la ortodoxia: Jesús de Nazaret fue un hombre incomparable, la cumbre de la evolución moral de la humanidad, pero estricta y exclusivamente un hombre. Para llegar a esta conclusión, Renan no parte de un prejuicio filosófico ateo, sino de una observación empírica sobre la naturaleza de la historia y el silencio de lo sobrenatural. La obra busca rescatar la persona de Jesús de las brumas del dogma bizantino y de las leyendas medievales, presentándolo no como un dios que camina sobre la tierra disfrazado de carne, sino como un genio religioso que, emergiendo del judaísmo provincial, logró trascender todas las barreras del tiempo y la raza.
El Quinto Evangelio: La Tierra como Testigo
La génesis de la obra es inseparable de su contexto geográfico. En 1860, Napoleón III encargó a Renan una misión arqueológica en Fenicia. Durante este viaje, acompañado por su hermana Henriette —su colaboradora intelectual más íntima y crítica—, Renan recorrió la región de Galilea. Fue allí, in situ, donde experimentó una revelación historiográfica que definiría su método.
Renan observó que la topografía, el clima y el paisaje de Galilea no eran meros escenarios inertes, sino documentos vivos que habían moldeado la psique y el mensaje del fundador. Describió esta experiencia con una de las frases más célebres de la historiografía bíblica:
«Un quinto evangelio, lacerado, pero todavía legible, apareció a mis ojos, y vi, a través de los relatos de Mateo y de Marcos, no ya un ser abstracto, cuya existencia parece dudosa, sino una admirable figura humana llena de vida y de movimiento».
Para Renan, la «delicada estética» de la naturaleza galilea —sus colinas suaves, sus valles fértiles, la serenidad azul del lago de Tiberíades— explicaba la fase inicial, idílica y poética del ministerio de Jesús. Este «Quinto Evangelio» de la tierra revelaba por qué el mensaje primitivo del Reino no fue una teología sistemática de terror y juicio (como la de Juan el Bautista en el desierto de Judea), sino una «buena nueva» de dulzura, paternidad divina y fraternidad humana y natural.
La geografía se convierte así en una herramienta hermenéutica: el contraste entre la verde y alegre Galilea y la árida, pedregosa y escolástica Judea explica la evolución psicológica de Jesús. Mientras permaneció en su tierra natal, fue el «rabino encantador», predicando parábolas agrícolas desde una barca; al trasladarse a Jerusalén, el ambiente hostil, la sequedad del paisaje y la rigidez sacerdotal endurecieron su mensaje, transformando la utopía galilea en una polémica apocalíptica y trágica.
El Jesús Histórico: La Cumbre de la Humanidad
La cristología de Renan es una «cristología desde abajo» llevada a su máxima expresión estética. Rechaza con firmeza las categorías de Calcedonia (dos naturalezas, una persona) por considerarlas ininteligibles y ajenas a la mente semítica del siglo I. En su lugar, propone una categoría de «divinidad funcional».
Jesús es divino no en sustancia, sino en grado. Es el individuo en quien la conciencia de Dios alcanzó su cenit absoluto. «Entre tú y Dios —escribe Renan apostrofando a Jesús— no habrá ya distinción». Esta identificación no es metafísica, sino mística y moral. Jesús se sintió Hijo de Dios con tal intensidad que transformó esa convicción subjetiva en una fuerza histórica objetiva capaz de derribar el paganismo y renovar la ética mundial.
Renan defiende al «Hombre Incomparable» contra dos frentes reductores:
- Contra el Mito (Strauss): Jesús no es una cristalización de mitos judíos previos (como argumentaba Das Leben Jesu de 1835). Renan insiste en su individualidad irreductible, su carácter, su encanto personal, su capacidad de inspirar amor y lealtad fanática. La historia no la hacen las ideas abstractas, sino las personalidades solares.
- Contra el Impostor (Voltaire/H.S. Reimarus): Jesús no fue un engañador consciente. Incluso cuando se vio empujado a aceptar el manto de taumaturgo o Mesías político que le repugnaba, lo hizo (según la controvertida ética de Renan) por una necesidad superior de su misión, manteniendo una sinceridad de fondo en su ideal moral.
Este Jesús es un «anarquista dulce», un revolucionario que no portaba armas pero que traía fuego: la idea de que el culto verdadero no está en el Templo de Jerusalén ni en el Monte Gerizim, sino en el espíritu y en la verdad. Para Renan, este descubrimiento es el mayor salto evolutivo de la religión humana, y es obra exclusiva del genio de Nazaret.
La Metodología: El Silencio de lo Sobrenatural
El fundamento epistemológico sobre el que Renan construye su edificio biográfico es el naturalismo histórico inflexible. Su axioma rector es claro: «Los milagros no ocurren».
Esta negación no es, insiste él, un dogma a priori. Si existieran pruebas científicas, certificadas por una comisión de fisiólogos y físicos, de que un hombre puede resucitar a un muerto o multiplicar panes, el historiador se inclinaría ante el hecho. Pero la historia universal demuestra que tales relatos surgen invariablemente en épocas precientíficas, entre poblaciones propensas a la credulidad y en torno a figuras carismáticas. Jamás un milagro ha resistido el escrutinio de un laboratorio o de una crítica sobria.
Por lo tanto, el historiador se enfrenta a los Evangelios con un bisturí discriminador. El texto evangélico es un tejido mixto donde hechos históricos (el núcleo duro) están inextricablemente entrelazados con leyendas piadosas (la cáscara milagrosa). La tarea de la crítica es la «depuración».
El método de Renan opera bajo tres reglas:
- Análisis Filológico: Distinguir lo que es arameo (auténtico de Jesús) de lo que es teología griega posterior (añadido por la Iglesia).
- Criterio de Disimilitud: Lo que en los Evangelios va en contra de los intereses dogmáticos de la Iglesia primitiva tiene alta probabilidad de ser histórico (por ejemplo, el bautismo por Juan o la ignorancia de Jesús sobre el día del juicio).
Análisis de Fuentes
Introducción: El Laberinto Documental
Para el historiador laico, los Evangelios no son libros bajados del cielo en pergaminos dorados, sino documentos fragmentarios, contradictorios y profundamente humanos. Ernest Renan aborda el “problema sinóptico” y la “cuestión joánica” no con la reverencia del teólogo, sino con la lupa del filólogo. Su análisis de fuentes en Vida de Jesús constituye un intento pionero de estratigrafía literaria: excavar bajo las capas de redacción eclesiástica para encontrar el lecho de roca de los hechos primitivos.
A diferencia de la crítica radical alemana (Baur, Strauss) que tendía a datar los Evangelios muy tarde (siglo II) para explicar sus divergencias teológicas, Renan defiende una datación temprana, situando la redacción principal de los cuatro textos canónicos antes de la destrucción del Templo en el año 70 d.C., o poco después. Sin embargo, esta cercanía temporal no garantiza la inerrancia; para Renan, garantiza la frescura de la memoria, pero también la ingenuidad de la leyenda.
La Jerarquía de la Fiabilidad
Renan establece una jerarquía clara de credibilidad histórica, basada en el análisis interno del estilo, el vocabulario y la topografía.
1. El Evangelio de Marcos: El Testimonio Ocular Indirecto
En la cima de la fiabilidad narrativa sitúa a Marcos. Renan acepta la tradición de Papías de Hierápolis: Marcos fue el hermeneutés (intérprete o traductor) de Pedro. Aunque no fue testigo directo, escribió lo que escuchó del apóstol principal.
- El Estilo: Renan describe el griego de Marcos como tosco, lleno de hebraísmos, pero vibrante. Es el estilo de una memoria visual, no literaria.
- La Evidencia: Señala detalles que solo un testigo ocular conservaría: el color de la hierba en la multiplicación de los panes, los gestos de ira o cansancio de Jesús, sus palabras en arameo (Talitha kumi, Ephphatha).
- Conclusión: En Marcos encontramos al Jesús más humano y real. Es una biografía de hechos y acciones rápidas. No hay sermones largos ni teología elevada. Es el bosquejo más fiel de la realidad galilea.
2. El Evangelio de Mateo: Los Oráculos del Señor
Mateo presenta un problema dual. Renan identifica un núcleo primitivo escrito por el apóstol Mateo en hebreo (o arameo), los llamados Logia o “Dichos del Señor”. Estos eran colecciones de sentencias morales (como el Sermón del Monte) sin marco narrativo.
- La Fusión: El evangelio actual es una amalgama. Un redactor posterior tomó los Logia auténticos y los insertó en el marco narrativo de Marcos.
- El Valor: Mientras que Marcos es superior en hechos, Mateo es superior en palabras. Renan considera que los discursos de Jesús en Mateo (liberados de las interpolaciones milagrosas) tienen una “sonoridad divina”. En ellos resuena la voz auténtica del Maestro. Son “discursos que no se inventan”, diametralmente opuestos a la retórica griega.
3. El Evangelio de Lucas: Él Artista Compilador
Lucas ocupa el tercer lugar. Renan lo define no como un testigo, sino como un hombre de letras, un “compilador” de segunda generación. Escribiendo probablemente en Roma o Grecia para un público gentil, Lucas suaviza las asperezas de la tradición primitiva.
- El Estilo: Es “el libro más bello del mundo”, pero históricamente peligroso. Lucas modifica los hechos para crear armonía. Elimina las crisis de Jesús, pule su lenguaje y añade elementos dramáticos literarios.
- La Ideología: Renan detecta una fuerte influencia ebionita (pobreza radical). Lucas es el evangelio de los pobres, las mujeres y los pecadores. Las parábolas exclusivas de Lucas (El Buen Samaritano, El Hijo Pródigo) son sublimes, pero Renan sospecha que algunas pueden ser creaciones literarias que reflejan la teología paulina de la gracia más que la enseñanza histórica de Jesús.
- La Leyenda: Los relatos de la infancia (Navidad, pastores, cánticos) son poesía pura, “leyenda dorada” sin base histórica, construida sobre midrashim del Antiguo Testamento.
El Enigma del Cuarto Evangelio
La postura de Renan sobre el Evangelio de Juan es su contribución más original y controvertida a la crítica bíblica. Mientras la mayoría de los críticos de su tiempo (luteranos alemanes) descartaban a Juan como una obra gnóstica tardía siglo II sin valor histórico, Renan intentó una rehabilitación parcial.
La Tesis de la Dualidad Joánica
Renan divide el Evangelio de Juan en dos componentes irreconciliables:
- El Marco Narrativo (Histórico): Renan sostiene que el autor conocía Jerusalén antes del año 70 d.C. con una precisión asombrosa. Menciona lugares (la piscina de Betesda con sus cinco pórticos, el enlosado o Gabbatha) que la arqueología confirmaría mucho después. La cronología de la Pasión en Juan (Jesús muere antes de la cena pascual) es para Renan históricamente correcta, corrigiendo el error de los Sinópticos. Esto sugiere una fuente presencial de alto nivel, quizás el “Discípulo Amado” (distinto del apóstol Juan, tal vez un aristócrata jerosolimitano).
- Los Discursos (Ficticios): Por el contrario, los largos monólogos donde Jesús habla de sí mismo como “La Luz”, “El Camino” o “La Verdad” son rechazados de plano.
- Argumento Lingüístico: Son discursos abstractos, metafísicos, carentes de la frescura de las parábolas galileas. “Es el autor quien habla, no Jesús”, sentencia Renan. Es una teología mística puesta en boca del maestro.
- La Psicología: El Jesús de Juan es altivo, argumentativo y a veces cruel con “los judíos”. Renan encuentra esta figura psicológicamente incompatible con el Jesús dulce y popular de los Sinópticos. “Si Jesús hubiera hablado como en el cuarto evangelio, no habría atraído a nadie”.
Conclusión: Renan utiliza a Juan para la cronología y la topografía (especialmente los viajes a Jerusalén que los Sinópticos omiten), pero lo descarta totalmente para reconstruir el pensamiento de Jesús. Es, en esencia, una “Vida de Jesús” escrita por un teólogo anciano que recuerda bien los lugares pero ha transformado al hombre en un Logos metafísico.
Renan cierra su análisis de fuentes considerando el proceso de formación de la leyenda. Los Evangelios no se escribieron “de una sentada”. Fueron organismos vivos que crecieron.
- Tradición Oral: Durante 30 o 40 años, la memoria de Jesús vivió en la oralidad. En este medio fluido, las anécdotas se transforman. Una metáfora (“os haré pescadores de hombres”) puede convertirse en un milagro (la pesca milagrosa).
- Los Apócrifos: Renan marca una línea clara entre los cuatro canónicos y los evangelios apócrifos. Aunque racionalista, admite que la Iglesia tuvo un “instinto certero” al canonizar estos cuatro. Los apócrifos (Evangelio de Tomás, de Pedro) son descritos como “fantasías pueriles”, productos de una imaginación decadente que ya ha perdido contacto con la realidad histórica del personaje.
En resumen, para Renan los Evangelios son biografías legendarias. No son mentiras, pero tampoco son actas notariales. Son el reflejo del impacto colosal de una personalidad sobre la imaginación entusiasta de sus seguidores. La verdad histórica está allí, pero hay que extraerla, separando el oro del hecho del barro de la fe.
Argumentos Históricos
El Colapso de la Inerrancia
En el siglo XIX, la defensa tradicional del cristianismo se basaba en la inerrancia bíblica: la creencia de que, al ser divinamente inspirados, los evangelios no podían contener errores fácticos. Renan ataca este bastión no con argumentos teológicos, sino con una avalancha de datos históricos. Su tesis es que los evangelios, al ser leídos en paralelo, se anulan mutuamente en el plano de la facticidad objetiva. “Si uno es verdadero en sus detalles, el otro debe ser falso”, concluye.
1. El Conflicto Cronológico: ¿Un Año o Tres?
La discrepancia más flagrante que Renan expone, y que constituye un argumento irrefutable contra la historicidad literal, es la duración del ministerio de Jesús.
- La Tradición Sinóptica (El Ministerio Corto): Si leemos a Marcos, Mateo y Lucas, obtenemos la impresión inequívoca de que la vida pública de Jesús duró apenas un año (o incluso menos). Todo sucede con una rapidez vertiginosa en Galilea, culminando en un único y fatal viaje a Jerusalén para la Pascua de su muerte.
- La Tradición Joánica (El Ministerio Largo): El Cuarto Evangelio, por el contrario, estructura su relato en torno a las fiestas judías peregrinas. Menciona explícitamente tres Pascuas (caps. 2, 6 y 11), lo que implica necesariamente una duración mínima de dos años y medio, probablemente tres. Además, muestra a un Jesús que viaja constantemente entre Galilea y Judea.
La Decisión de Renan: Irónicamente, el escéptico Renan prefiere aquí la cronología del teológico Juan. Argumenta que el relato sinóptico es una compresión simplificada. Históricamente, es inverosímil que el conflicto con las autoridades sacerdotales alcanzara su clímax homicida en una sola semana de visita. El odio sacerdotal requiere tiempo para madurar. Renan necesita los “viajes a Jerusalén” de Juan para explicar psicológicamente el endurecimiento de Jesús y la creciente hostilidad del Sanedrín. Sin embargo, al aceptar una tradición y rechazar la otra, Renan demuestra lo que quería probar: los evangelios no son crónicas infalibles, sino memorias selectivas y contradictorias.
2. La Geografía como Prueba Pericial
Renan, habiendo recorrido Palestina palmo a palmo, utiliza la geografía para auditar los textos.
- Errores en Lucas: Señala que Lucas, al no ser palestino, comete errores de bulto. Por ejemplo, en el relato de la Ascensión, sitúa Betania a una distancia incorrecta. Su descripción del viaje final de Jesús a Jerusalén a través de Samaria (Lc 9-19) es geográficamente incoherente, un “viaje teológico” más que un itinerario real.
- Precisión en Juan: Renan se maravilla de la exactitud topográfica del Cuarto Evangelio. Detalles como “Betania, cerca de Jerusalén, como a quince estadios” (Jn 11:18) o la mención de “Enón junto a Salim” revelan a un autor que pisó el terreno.
- El “Censo” Imposible: Renan dedica páginas mordaces al censo de Quirino mencionado en Lucas 2. Demuestra, cruzando datos con Flavio Josefo y Tácito, que Quirino fue gobernador de Siria en el año 6 d.C., diez años después de la muerte de Herodes el Grande. Hacer nacer a Jesús bajo Herodes y bajo el censo de Quirino es una imposibilidad histórica absoluta. Lucas inventó o confundió este dato para justificar teológicamente que el Mesías naciera en Belén, cumpliendo la profecía de Miqueas, a pesar de ser conocido por todos como “Jesús de Nazaret”.
3. El Contexto Político: La Inocencia de Roma
Uno de los análisis más penetrantes de Renan es su reconstrucción del juicio de Jesús. Desmonta la imagen evangélica de un conflicto puramente religioso y lo reinserta en la realpolitik del Imperio Romano.
- Pilato Rehabilitado: Los evangelios presentan a Poncio Pilato como un filósofo escéptico, débil y vacilante, casi un cristiano en secreto, forzado por la turba judía a condenar a un inocente. Renan califica esto de ficción apologética. Las fuentes romanas (Filón, Josefo) retratan a Pilato como un administrador duro, inflexible, cruel y antisemita, que no dudaba en masacrar multitudes por la menor sospecha de sedición. Es inverosímil que este hombre se dejara intimidar por unos sacerdotes desarmados.
- La Culpabilidad Romana: Renan argumenta que Jesús fue ejecutado por un delito romano: crimen laesae maiestatis (lesa majestad). Al proclamarse “Rey de los Judíos” (aunque fuera en un sentido espiritual), Jesús cruzó una línea roja política. Para Roma, cualquier mesianismo era sedición.
- La Propaganda Cristiana: ¿Por qué los evangelios “lavan las manos” de Pilato? Renan responde: porque se escribieron cuando el cristianismo intentaba sobrevivir en el Imperio. Era políticamente suicida presentar al fundador como un rebelde ejecutado por Roma. Era mucho más conveniente culpar a los judíos, que ya habían sido derrotados en la guerra del 66-70 d.C. Así, la pasión de Jesús fue reescrita para exonerar al poder imperial, distorsionando la historia en favor de la supervivencia política de la Iglesia.
4. Filología: El Abismo entre Arameo y Griego
Renan, experto en lenguas semíticas, aplica un criterio lingüístico para separar lo auténtico de lo espurio. Jesús hablaba un dialecto arameo galileo.
- La Estructura Semítica de los Sinópticos: Las sentencias de Jesús en Marcos y Mateo (logia) exhiben un ritmo, un paralelismo y una imaginería (higos, denarios, levadura, ovejas) que son típicamente semíticos. Se pueden traducir retroactivamente al arameo palabra por palabra y funcionan perfectamente. Esto es sello de autenticidad.
- El Helenismo de Juan: Por el contrario, los discursos en el Cuarto Evangelio son irreductibles al arameo. Son juegos de palabras griegos intraducibles (como el doble sentido de pneuma - viento/espíritu en Jn 3, o anothen - de nuevo/de arriba). Términos como Lógos (Verbo), Phos (Luz) en sentido ontológico, o la dualidad “carne/espíritu” son conceptos de la filosofía helenística (filoniana o gnóstica).
- Conclusión: Jesús nunca pronunció los discursos de Juan. Son meditaciones teológicas de un pensador griego puestas en labios del Maestro 70 años después. Renan concluye que quien busca al Jesús histórico debe buscarlo en los aforismos cortos y paradoxales de los Sinópticos, no en las disertaciones metafísicas del Cuarto Evangelio.
5. El Secreto Mesiánico y la Política
Finalmente, Renan aborda las contradicciones sobre la identidad de Jesús.
- El Jesús Oculto: En Marcos, Jesús ordena constantemente “que no se lo dijeran a nadie”. Renan interpreta esto históricamente: Jesús sabía que el título de “Mesías” estaba cargado de connotaciones políticas violentas (insurrección contra Roma) que él rechazaba.
- La Politización Inevitable: Sin embargo, Renan argumenta que Jesús, para tener éxito popular, tuvo que aceptar ambiguamente el título. “Tuvo que dejarse creer”. Esta concesión fue su perdición. Al entrar en Jerusalén aclamado como “Hijo de David”, Jesús permitió que se le confundiera con un aspirante al trono, sellando su destino político. La inscripción en la cruz, INRI, es para Renan el único dato absolutamente indudable de la Pasión: Jesús murió porque fue malinterpretado (o interpretado demasiado literalmente) como un pretendiente real.
En conjunto, estos argumentos históricos construyen una imagen de Jesús radicalmente humana: un hombre limitado por su geografía, malinterpretado por sus seguidores, politizado a su pesar y ejecutado por una maquinaria imperial indiferente a sus matices teológicos.
Milagros y Leyenda
La Epistemología del «No-Milagro»
La premisa más famosa y controvertida de Vida de Jesús es la negación absoluta de lo sobrenatural. Sin embargo, Renan se esfuerza por presentar esta negación no como un prejuicio de ateo, sino como una conclusión de historiador científico. Escribe: “No decimos: ‘El milagro es imposible’. Decimos: ‘No ha habido hasta ahora milagro comprobado’”.
Renan propone un experimento mental: si mañana un taumaturgo afirmara poder resucitar muertos ante la Academia de Ciencias de París, se formaría una comisión de fisiólogos, físicos y químicos. Se examinaría el cadáver antes, durante y después; se controlaría el entorno para evitar fraudes; y si el hecho se repitiera bajo condiciones controladas, entonces y solo entonces, la ciencia admitiría el milagro.
El problema histórico es que los milagros de los Evangelios jamás ocurrieron bajo tales condiciones. Ocurrieron en el siglo I, en el Oriente rural, ante un público compuesto por pescadores y campesinos ignorantes de las leyes físicas, predispuestos a ver la intervención divina en cada brisa o enfermedad. Por tanto, el historiador tiene el deber, no el derecho, de explicar estos relatos por causas naturales conocidas (alucinación, error, coincidencia, fraude o leyenda).
El Clima de la Credulidad Oriental
Para entender cómo surgieron los milagros, Renan nos pide sumergirnos en la mentalidad de la Galilea antigua. En ese mundo, la distinción moderna entre lo “natural” y lo “sobrenatural” no existía. Dios estaba en todo. La enfermedad era obra de demonios; la curación, obra de Dios.
- La Expectativa Mesiánica: El pueblo judío creía que el Mesías debía realizar “signos” (semeia). Un Mesías que no hiciera milagros era inconcebible, una contradicción en los términos. Por tanto, la presión popular sobre Jesús fue inmensa. “El milagro es, por lo general, obra del público, no de quien lo hace”, afirma Renan. Jesús no buscó ser un taumaturgo; el papel le fue impuesto por la necesidad de acreditar su misión ante una multitud sedienta de maravillas.
La Medicina Psicosomática: Jesús como Terapeuta
Renan no niega que Jesús realizara curaciones reales, pero las reinterpreta bajo la luz de la psicología y la medicina del siglo XIX.
- La Fuerza de la Personalidad: Jesús poseía una belleza moral, una autoridad en la voz y una mirada que ejercían un poder calmante inmediato sobre las mentes perturbadas.
- Expulsión de Demonios: Los “endemoniados” del Evangelio son identificados claramente por Renan como epilépticos, histéricos o esquizofrénicos. En un mundo sin psiquiatría, la orden imperiosa de un santo varón podía provocar un shock emocional suficiente para detener una crisis o restaurar la lucidez temporalmente.
- Conclusión: Jesús curó, sí, pero no violando las leyes de la biología, sino activando las fuerzas latentes de la psique humana mediante la fe y la sugestión. “Su sonrisa era una medicina”, escribe Renan poéticamente.
El Caso de Lázaro: ¿El Fraude Piadoso?
Aquí entramos en el capítulo más escandaloso del libro, el que le valió a Renan la expulsión de su cátedra en el Collège de France. Al analizar la resurrección de Lázaro en Betania (Jn 11), Renan descarta que Lázaro muriera realmente (imposibilidad biológica) pero también rechaza que sea una pura invención literaria (por la vivacidad de los detalles topográficos).
Su hipótesis es la del “fraude piadoso” (pieuse fraude). La reconstrucción de Renan es digna de una novela de Dostoievski:
- La Crisis en Jerusalén: Jesús es rechazado por los judíos. Sus discípulos y amigos en Betania (Lázaro, María, Marta) sienten que la causa está perdida si no ocurre un “gran signo” que aplaste la incredulidad.
- El Montaje: Posiblemente sin que Jesús lo supiera al principio, Lázaro se hace encerrar en la tumba vistiéndose con las vendas mortuorias.
- La Escena Fatal: Jesús llega, turbado y emocionado. Pide quitar la piedra. Lázaro sale. La multitud grita “¡Milagro!”.
- La Complicidad: Jesús, ante el hecho consumado y el fervor de sus amigos, no denuncia el engaño. Acepta el equívoco. Quizás, en el estado de exaltación apocalíptica de sus últimos días, la frontera entre la verdad y la ficción se había borrado incluso para él.
Renan intenta disculpar a Jesús con una ética relativista: “La historia no puede ser demasiado severa con las condiciones que el pasado impone al éxito de las grandes ideas”. Argumenta que todos los grandes fundadores religiosos han tenido que condescender a las supersticiones de su tiempo para que su verdad superior sobreviviera. Sin embargo, para la conciencia burguesa victoriana, sugerir que Jesús fue cómplice (aunque pasivo) de un fingimiento fue una blasfemia imperdonable.
La Evolución de la Leyenda
Finalmente, Renan explica muchas historias milagrosas como el resultado de la “telefonía descompuesta” de la tradición oral.
- Metáfora a Mito: Jesús dice: “Tened fe y moveréis montañas”. Años después, alguien cuenta que Jesús movió una montaña. Jesús dice: “Yo soy el pan de vida que sacia a miles”. La tradición lo convierte en la multiplicación física de los panes.
- Influencia del Antiguo Testamento: Muchos milagros son “calcos” de las historias de Elías y Eliseo (resucitar al hijo de la viuda, multiplicar aceite/pan). Los evangelistas, convencidos de que Jesús era mayor que los profetas, le atribuyeron los mismos poderes, magnificados.
En la visión de Renan, el milagro es una costra de leyenda que ha crecido sobre el diamante de la historia. Es bello como poesía, pero falso como ciencia. La tarea del biógrafo es romper esa costra con respeto, pero con firmeza, para liberar al Jesús real que yace sepultado bajo siglos de adoración sobrenatural.
La Resurrección
El Viernes Santo: El Fin de la Ilusión
Para el historiador racionalista, la historia de Jesús termina biológicamente en la cruz, alrededor de las tres de la tarde del 7 de abril del año 30 (según la cronología estimativa de Renan). La muerte fue real, brutal y definitiva. El golpe de lanza del soldado romano, narrado por Juan, es aceptado por Renan como el sello de la extinción clínica.
En este punto, la obra de Renan se torna psicológica. El sábado fue el día del silencio absoluto y de la desesperación más profunda. Los discípulos, escondidos y aterrorizados en Jerusalén, vieron derrumbarse su mundo. Su Maestro había muerto como un criminal, desmintiendo todas las promesas mesiánicas de triunfo. Lógicamente, el movimiento debió disolverse, como tantos otros mesianismos judíos fracasados (Teudas, Judas el Galileo). ¿Por qué no ocurrió así?
El Origen de la Fe Pascual: La Negativa a la Muerte
Renan responde que la resurrección no fue un hecho físico externo, sino un hecho espiritual interno. Ocurrió en la conciencia de los discípulos antes de que se pronunciara palabra alguna sobre la tumba vacía.
“Jesús no resucitó en la carne, sino en el corazón de los que le amaban”. El amor de los apóstoles, y especialmente de las mujeres, era tan intenso, tan absoluto, que generó una imposibilidad psicológica de aceptar la muerte. La mente humana, argumenta Renan, tiene la capacidad de crear la realidad que necesita para sobrevivir. “La fe es fecunda en milagros cuando se trata de negar lo evidente”. Los discípulos amaban tanto a Jesús que decidieron, inconscientemente, que no podía estar muerto.
María Magdalena: La Apóstol de los Apóstoles
El domingo por la mañana, este estado de tensión psíquica extrema encontró su catalizador en una mujer: María de Magdala. Según Renan, fue ella quien, llegando al sepulcro y encontrándolo vacío, no concluyó lo lógico (robo de cadáver), sino lo imposible (resurrección).
Renan otorga a Magdalena un papel fundacional en el cristianismo, casi superior al de Pedro o Pablo en este momento crítico. Escribe con un lirismo arrebatador:
«¡Gloria a ti, María Magdalena! Tienes el honor de haber dado al mundo un Dios resucitado. Tu delirio ha sido la piedra angular de la fe humana».
Fue la “fuerte imaginación” de una mujer, propensa a las visiones (recordemos que de ella habían salido “siete demonios”, lo que Renan interpreta como crisis nerviosas previas), la que transformó la silueta de un jardinero o un juego de luces en la figura del Maestro Resucitado. Su grito “¡He visto al Señor!” encendió la mecha.
El Mecanismo de las Apariciones: Contagio y Sugestión
A partir de la visión de Magdalena, Renan describe un fenómeno de “histeria colectiva” o contagio emocional.
- La Tumba Vacía: Renan admite el hecho histórico de que el sepulcro estaba vacío. ¿Qué pasó con el cuerpo? Ofrece varias hipótesis naturalistas: ¿Lo trasladó el propietario del huerto (José de Arimatea) para que no profanara su tumba nueva? ¿Lo robaron ladrones? ¿Lo retiraron las autoridades romanas para evitar tumultos? Para la historia religiosa es irrelevante. Lo importante es que el vacío se interpretó teológicamente.
- Pedro y los Doce: La autoridad de Pedro validó la visión de María. Una vez que el líder creyó, la duda se volvió traición. En las reuniones del Cenáculo, con las puertas cerradas por miedo a los judíos, la tensión nerviosa, el ayuno y la espera febril crearon las condiciones perfectas para alucinaciones colectivas. Un soplo de viento se convirtió en el Espíritu; una sombra, en Jesús mostrando sus llagas.
- Los Discípulos de Emaús: Renan interpreta este relato como la proyección de dos viajeros melancólicos que, conversando apasionadamente sobre Jesús, creyen reconocer su estilo y su voz en un desconocido que parte el pan con ellos.
Renan concluye que el cristianismo descansa sobre un malentendido sublime. Si María Magdalena hubiera sido más escéptica, si los discípulos hubieran sido más fríos, la fe se habría extinguido. Pero la “pasión de una alucinada” salvó el ideal de Jesús.
Sin embargo, Renan no ve esto como algo negativo. Para él, la Resurrección es verdadera en un sentido superior: Jesús realmente venció a la muerte porque su espíritu, su memoria y su ética sobrevivieron y conquistaron el mundo. La inmortalidad del alma no es una resurrección de átomos, sino la persistencia de la virtud en la memoria de la humanidad.
“Descansa ahora en tu gloria, noble iniciador”, escribe Renan en el epílogo, dirigiéndose a Jesús muerto. “Tu obra está acabada; tu divinidad está fundada… Entre tú y Dios no se distinguirá ya más”. Jesús ha resucitado, no como un cuerpo zombi que camina y come pescado, sino como el símbolo eterno de la perfección humana, liberado de las limitaciones de la materia para reinar como el Rey espiritual de los siglos.
Contra-Apologética
El Escándalo del Siglo: La Reacción Católica
La publicación de Vida de Jesús provocó una tormenta mediática sin precedentes en el siglo XIX. El libro fue condenado inmediatamente por el Papa Pío IX, quien llamó a Renan “el blasfemo europeo”. En Francia, los púlpitos tronaron contra “ese Judas moderno que besa a su Señor para traicionarlo”.
El peligro de Renan, percibido agudamente por la Iglesia, no residía en un ateísmo militante o burlón (al estilo de Voltaire), sino en su reverencia. Voltaire atacaba a la Iglesia para destruir el cristianismo; Renan alababa a Jesús para desmantelar la divinidad.
- La Seducción del Estilo: El libro estaba escrito con una prosa tan bella, tan untuosa y seductora, que penetró en los hogares burgueses donde un panfleto ateo jamás habría entrado. Las damas católicas leían a Renan en secreto, llorando con su descripción de la Pasión, mientras absorbían inadvertidamente la tesis de que Jesús era solo un hombre.
- La Expulsión Académica: La presión clerical fue tal que Napoleón III tuvo que suspender el curso de Renan en el Collège de France. Cuando finalmente pudo retomarlo, su primera frase fue legendaria: “Señores, retomemos nuestra enseñanza donde la dejamos…”.
La Crítica Protestante: Albert Schweitzer y el “Jesús Sentimental”
Si los católicos atacaron a Renan por hereje, los eruditos protestantes alemanes lo atacaron por diletante. En su obra maestra La Búsqueda del Jesús Histórico (1906), Albert Schweitzer dedicó un capítulo demoledor a Renan.
- La Psicolatría: Schweitzer acusó a Renan de haber creado un Jesús a su propia imagen y semejanza: un intelectual francés del siglo XIX, sensible, romántico, un “dulce soñador” que pasea por los campos de Galilea predicando el amor. Schweitzer argumentó que este Jesús “de azúcar” ignoraba totalmente la dimensión apocalíptica, dura y extraña del Jesús real, quien predicaba el fin del mundo inminente, no una utopía moral burguesa.
- La Novela Histórica: Para la academia alemana rigurosa, Vida de Jesús era más arte que ciencia. Renan llenaba los vacíos documentales con intuiciones estéticas y descripciones paisajísticas (“adivinación”). Aunque esto hizo el libro inmensamente popular, lo desacreditó como obra de referencia técnica a largo plazo.
El Análisis Post-Colonial: Renan y el Orientalismo
En el siglo XX y XXI, la crítica se desplazó al terreno ideológico. Edward Said, en Orientalismo, señala a Renan como uno de los arquitectos del prejuicio occidental contra Oriente.
- Arios vs. Semitas: Renan era un filólogo que creía en una jerarquía racial y lingüística. Para él, la mente “semítica” (judíos, árabes) era monoteísta, rígida, sin imaginación ni mitología, incapaz de ciencia y filosofía compleja. La mente “aria” (indoeuropea, griega, germana, francesa) era politeísta, imaginativa, filosófica y científica.
- La Des-Semitización de Jesús: La operación intelectual de Renan consiste en arrancar a Jesús de su suelo semítico. Según Renan, Jesús supera su judaísmo (“rompe la cáscara estrecha de la Ley”) para acceder a una religión universal, pura, ideal… es decir, “aria” en espíritu. Renan llega a sugerir, basándose en la población mixta de Galilea, que quizás Jesús ni siquiera era racialmente judío puro, insinuando un origen gentil para justificar su genio universal. Esta línea de pensamiento alimentó peligrosamente el antisemitismo “científico” de finales del XIX.
Conclusión: El Triunfo del Método sobre el Contenido
A pesar de sus errores datación, de su psicología romántica anticuada y de sus prejuicios raciales, Ernest Renan sigue siendo indispensable. Fue el primero en popularizar la idea de que Jesús es un personaje histórico sujeto a análisis, no un dogma intocable.
Renan secularizó la figura de Cristo de manera irreversible. Después de 1863, ya no fue posible escribir sobre Jesús sin tener en cuenta el paisaje, la economía, la política romana y la psicología humana.
Su Vida de Jesús falla como biografía exacta (algo imposible de escribir), pero triunfa como monumento cultural. Es el testimonio de cómo el siglo XIX intentó desesperadamente salvar a Jesús del naufragio de la fe, convirtiéndolo de Dios moribundo en el Hermano Mayor de la humanidad moderna.
“Renan ofreció al mundo un Cristo que se podía amar sin adorar, y admirar sin obedecer. Fue el profeta de un cristianismo sin Dios, perfecto para una modernidad que quería conservar la estética de la religión sin el peso de la revelación.”
Infografía
A continuación se presentan visualizaciones de datos basadas en el análisis textual de la obra de Renan, ilustrando las relaciones entre los documentos evangélicos y la clasificación de los elementos sobrenaturales.
Relación Sinóptica y Prioridad de Marcos
Datación de los Evangelios
Tipología de Milagros